19.11.14

"Nos gustan las cosas extremas"

Diálogo. Dos estrellas de la literatura británica, Amis y McEwan, presentan sus nuevos libros y confiesan cómo cambió su relación con la escritura

Martin Amis una estrella inglesa en cielo de la literatura británica actual.
 
Ian McEwan, la otra estrella del cielo de la.literatura británica actual./revista Ñ
Se conocen desde hace cuarenta años, compartieron experiencias, casas editoriales y escribieron la misma cantidad de novelas. Los escritores Martin Amis e Ian McEwan dialogaron tras la salida en Gran Bretaña de sus nuevas novelas. El libro de Amis, The zone of interest (La zona de interés), es una sátira ambientada en un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial, que ha provocado no poco revuelo en Europa. En tanto que en The children act (La ley de la infancia), de McEwan, una jueza de un alto tribunal con una vida tumultuosa debe decidir si un adolescente enfermo vive o muere.
–¿Qué les parece si empiezan por contarme hace cuánto se conocen y cómo fue qué se encontraron?
Ian McEwan: Bueno, eran los años setenta.
–Martin Amis: El año 1973, ¿no?
–IM: Creo que fue en una de esas fiestas de navidad en la Jonathan Cape, en esos tiempos eran algo legendario, fastuoso.
–MA: Era más similar a una profesión de aristócratas, en esos tiempos.
–IM: Tomábamos más en esos tiempos. Martin viene y me dice: “Leí tu relato, Pornografía.” Y me citó a la perfección un pasaje. Me pareció simpático desde el principio.
–¿Vos lo recordás así, Martin?
MA: Recuerdo muy bien el relato. Pero justo estaba pensando que habíamos publicado nuestros primeros libros hace más de cuarenta años. Ayer mismo leía el libro de Ian y vi en la solapa que escribió catorce novelas y dos relatos, exactamente igual que yo. En resumen, nuestras vidas fueron más o menos paralelas. Empezamos al mismo tiempo, nos casamos al mismo tiempo y ambos tuvimos un hijo –un hijo varón– al mismo tiempo y después ambos nos divorciamos al mismo tiempo.
–IM: Eso vos lo hiciste primero.
–MA: Y después nos volvimos a casar al mismo tiempo.
–IM: ¿A lo mejor nos morimos al mismo tiempo?
–MA: Sí, cierto.
–IM: Cambiemos de tema, por ahora.
–Cuenten algo de estas dos nuevas novelas y de cómo las concibieron.
–MA: La gente me pregunta por qué decidí escribir una segunda novela sobre el Holocausto, pero no estoy de acuerdo en el uso del verbo “decidir”. Es una cosa que está adentro mío: agarro un resplandor de algo, un temblor, una pulsación, y lo reconozco como el germen de una obra que puedo escribir. A veces empiezo una novela pensando que va a ser un relato, y después de unos meses me digo, “A lo mejor sale una novela breve”, y después de algunos meses más, “No, creo que con esto voy hasta el fondo”. No lograría empezar una novela simplemente a través de un acto de voluntad. No lograría avanzar sin ese momento algo mágico y misterioso en el que algo viene hacia vos, y sentís con gran intensidad la obligación de escribir la novela, porque no pasa todo el tiempo. El resplandor que tuve para The Zone of Interest
es la primera página: es una especie de amor a primera vista (aunque en realidad comienza como lujuria a primera vista) en un ambiente que parece bastante rural y anónimo hasta que se llega al “patíbulo de tres ruedas” al final de la página, enumerado entre los otros elementos del ambiente. Te sentás y a veces, para tu sorpresa, te parece que gran parte de todo esto está ahí. Después hacés muchos intentos y errores, y luego empezás a tomar decisiones.
–¿Para vos es igual, Ian? En tus libros hay algo que me hace pensar que existe el núcleo de una idea que se te presenta inesperadamente, pero tal vez no es así.
IM: No, estoy de acuerdo con Martin en esto. Adoro esa etapa en la que terminé la novela, las entrevistas y la difusión y estoy libre para seguir con lo que me interesa. En general no arranco con la idea de hacer investigación para una novela. Y en este caso, The Children Act, todo empezó una tarde en la que cenaba con unos jueces. Se hacían bromas unos a otros por las sentencias de cada quien, y eran bien duros con otros jueces que no estaban ahí. Pensé: “¡Bueno! Estos podrían pasar por novelistas”. Después en cierto momento el dueño de casa, Alan Ward, un juez muy prestigioso, se levantó y fue a buscar un volumen encuadernado con sus sentencias. Media hora después yo estaba sentado con este libro en la mano y pensaba: “Esto es un subgénero literario, injustamente relegado”. Empecé a interesarme por las sentencias y noté que muchas veces aparece en medio de todo eso la religión: católicos que se divorcian de musulmanes, judíos ortodoxos que se pelean por el futuro de sus hijos, padres católicos que no quieren que sus hijos, gemelos siameses, sean separados. Después me fijé en una sentencia de Alan sobre un adolescente testigo de Jehová que se negaba a una transfusión de sangre que era necesaria para salvarle la vida. Lo vi como una provocación, como un atajo entre el espíritu laico de la ley y una fe religiosa sincera.
–Esta idea de sistemas de creencia aparece en ambos libros, eso que la gente está dispuesta a hacer en nombre de las creencias que construyó o elaboró.
MA: Sí, es un mundo en sí mismo, el de los sistemas de creencia. Ian habla de religión, pero también de ideología. Lo que descubrí leyendo muchísimas cosas sobre el Holocausto en los últimos veinticinco años es que, en el caso de Rusia, la ideología sigue siendo muy fuerte. Me quedé mudo cuando leí que Gorbachov, cuando el imperio se estaba hundiendo, pasaba toda la noche despierto, leyendo a Lenin, diciendo: “La respuesta tiene que estar acá”. Pero en el caso de Hitler, en el caso de Alemania, no había ninguna ideología. Había dos o tres ideas: un imperio territorial más amplio, un antisemitismo delirante, y la simple voluntad de conservar el poder. Nada más. El nazismo no atraía a las personas por su ideología: era una especie de llamamiento para sádicos y no pretendía ser otra cosa.
–IM: Sí, esas banderas negras en el norte de Irak son otro ejemplo: son un imán extraordinario para cualquier aspirante a torturador que ande dando vueltas. Los psicópatas son una minoría ínfima distribuida igualmente entre todas las poblaciones y tienen la necesidad de aprovechar su ocasión histórica.
–¿Y por qué se sienten atraídos los novelistas?
IM: Nos gustan las cosas erradas.
–MA: Y extremas. Y los sistemas cerrados, las cosas que son un mundo en sí mismo. ¿Pero no te parece que cuando te hacés más viejo y el futuro se contrae, se vuelve una tortura leer hasta los bocetos de tu última novela?
–¿Por qué sienten el deseo de pasar a la próxima cosa?
MA: Simplemente para ir hacia adelante; no sé si tuviste alguna etapa por el estilo, pero en los viejos tiempos, en los años setenta y ochenta, si no tenía reuniones o cosas que hacer durante la tarde, una botella de vino y cinco horas de lectura, para mí era la tarde de mis sueños.
–IM: Ahora son cinco botellas de vino y no lees nada de lo tuyo.
–MA: Pero ahora no sueño con hacer cosas por el estilo. Además, no me parece una experiencia placentera leer las cosas viejas.
–¿Por qué te sentís un novelista distinto al que eras?
MA: Se podría decir que lo que pasa es que la inspiración, la parte musical del talento, se debilita, pero la parte técnica se vuelve más fuerte: saber dónde va cada cosa, las modulaciones. Si hacés una escena de diálogo, la escena siguiente no tiene que ser de diálogo, y viceversa. Lo que escribí en este siglo no me produce casi nunca rechazo, pero si voy hacia atrás está lleno de vulgaridad y cosas inmerecidas.
–¿Vos lo pensás de la misma manera, Ian?
IM: No me fijo, porque simplemente no me interesa.
–Pero entre tus primeros trabajos y los posteriores hay diferencias.
IM: En parte es porque estamos obligados a explicarnos todo el tiempo, y esto te vuelve insensible respecto de tu propia obra. Una vez escribí una novela, Los perros negros, en la que puse un prólogo que explicaba todos los temas del libro. Y durante tres meses, toda la fase de la difusión, tuve que explicar ese prólogo. Martin tiene razón, son cada vez menos los veranos y los inviernos que tenemos por delante y está la sensación de que en un cierto punto hay que reconocer que tu pensamiento no es tan rico como era antes.
–MA: El vocabulario se limita.
–IM: El vocabulario se limita; se limita… todo. ¡Incluso la resistencia física! Para hacer una novela se necesita mucha resistencia física, parece una maratón. Dura más o menos como un doctorado, y nosotros tenemos catorce doctorados. Pero no, la idea de meterme en un rincón a releer mis primeros libros me aterra, especialmente considerando que sobre los estantes de mi biblioteca están no sólo todos los libros que no leí, sino todos los libros que quiero releer, de otros escritores.
–¿Existe algún libro de otro que hubieses querido escribir?
IM: La técnica excelente de Martin en Experiencia me produce una gran admiración. Trasladó a la autobiografía todo el arte del novelista. Descubrió el modo más ingenioso y perspicaz para hablar del pasado, de la familia.
–MA: Es muy amable de tu parte, pero no tendrías que haber elegido Experiencia, porque no fuiste hijo de Kingsley Amis. No creo que ningún novelista que se sienta un poco seguro de sí mismo quiera escribir la novela de otro. El ensayo de otro puede ser, puedo imaginar que se sienta envidia, deseo. Pero una novela no, es algo demasiado personal. Lo que la gente no puede entender es que cuando escribís una novela te ponés a vos mismo delante de todos; si hacés un ensayo histórico sobre el bombardeo de Dresden no es lo mismo. Una novela es profundamente personal y reveladora.
© The Independent Traducción Andrés Kusminsky

Martin Amis básico

Hijo del escritor Kingsley Amis, tras el divorcio de sus padres, cuando tenía 12 años, pasó algunos meses en España –“mi segundo país europeo”– adonde volvió reiteradamente. Se licenció en Oxford en 1971. Fue crítico de libros en el London Observer y luego encargado editorial y director de la sección de narrativa y poesía en el Times Literary Supplement. Más tarde trabajó en el New Statesman: a los 27 años era el director de la sección literaria. Se casó por primera vez con Antonia Philips, con quien tuvo dos hijos y por segunda con Isabel Fonseca, con quien tuvo dos hijas. Tiene, además, otra hija, a quien conoció a los 20 años. Con su primera novela, El libro de Raquel , ganó el premio Somerset Maugham, en 1973. Con los escritores Ian McEwan, Julian Barnes, Hanif Kureishi y Kazuo Ishiguro, Amis integró una “nueva generación” de novelistas británicos. Otros libros suyos son La información y Dinero.

Ian McEwan básico 

Dice que si no fuese escritor sería la primera guitarra de una banda de blues de poca monta, o biólogo. Estudió en Sussex y recibió su Master en Literatura Inglesa en la Universidad de East Anglia. Publicó los libros de relatos Primer amor, últimos ritos y En la cama . Ha escrito catorce novelas, entre ellas: El jardín de cemento, Los perros negros, Amor perdurable, Chesil Beach, Sábado, y Expiación, varias de ellas llegaron al cine. En diálogo con esta revista recordó en 2009 sus comienzos. En 1973 la muy prestigiosa revista American Review publicó el cuento “Disfraces”, incluido en su primer libro, por entonces inédito, Primer amor, últimos ritos. “La tapa era de un rosa brillante. Y en letras blancas decía: ‘Susan Sontag, Günter Grass, Philip Roth, Ian McEwan’. Ahí fue cuando pensé ¡Voy a ser escritor!” Acompaña el recuerdo con brazos triunfales en alto, reviviendo otra vez la emoción de ese día. Tenía sólo 23 años.

Dos novelas intensas

Martin Amis vuelve, una vez más, a estar en el centro de una polémica literaria. Su nueva novela, The Zone of Interest, es una sátira en el ámbito de un campo de concentración nazi durante la Segunda Guerra Mundial. El libro se publicó en agosto y septiembre en Gran Bretaña y Estados Unidos respectivamente, pero el normal proceso de traducciones que suelen tener sus libros, casi automático, esta vez estaría atravesando algunos escollos. Sucede que en Alemania no quieren publicarle el libro y su editor francés, la prestigiosa casa Gallimard, ya anunció que no quiere contar con ese título en su catálogo. ¿Cuáles son los límites del humor?, nos  podemos preguntar. ¿Hay temas que todavía la literatura no puede tocar? Los editores de Gallimard, por lo pronto, aseguraron que no publican el libro “por razones literarias”: dicen que no les parece una buena novela, simplemente. Los argumentos de su editorial alemana fueron más morales e históricos que literarios. Dijeron que había incongruencias históricas y fácticas y, sobre todo, que Golo Thomsen, un personaje oficial de las SS, es “demasiado comprensivo” con la causa nazi. Sobre este personaje, el propio escritor puntualizó: “una lectura cuidadosa del libro mostrará que nunca es un servidor del régimen, que siempre trata de frustrar diversas políticas y, a mitad de la obra, se convierte en un saboteador activo”. El asunto causó un pequeño revuelo mediático en tierras germanas. Desde el diario Die Welt, uno de los más leídos de esas tierras, criticaron a la editorial por no publicar el libro. Así lo expresaron: “Si hay un escándalo con The Zone of Interest es el hecho de que una editorial alemana piense que no debe dar a conocer la obra de uno de los autores británicos contemporáneos más importantes a los lectores alemanes”. El agente de Martin Amis, el implacable Andrew Wylie, ya está capitalizando el escándalo. Busca una nueva editorial alemana para su autor y espera que el libro se  venda más que otros.

En cuanto a su compañero de generación Ian McEwan, tiene también nuevo libro, titulado La ley de la infancia. Basada también en hechos históricos, su título refiere a una ley de 1989 que fue emblemática en el Reino Unido, que regía el bienestar de los menores. Sobre esa base histórica, la ficción despliega un dilema pesado: una jueza de un tribunal importante debe decidir si un joven enfermo vive o muere. El joven en cuestión se llama Henry y es un testigo de Jehová que se niega a recibir las transfusiones de sangre que lo podrían salvar de una leucemia. En varias entrevistas el autor confesó que varias muertes recientes de su entorno íntimo (como la de su amigo el escritor Christopher Hitchens o su agente literaria) lo golpearon y lo empujaron a pensar ficcionalmente el tema de la muerte. ¿Se puede elegir la propia muerte? ¿Hay alguien capaz de legislar sobre los cuerpos ajenos? Estas y otras son las preguntas que van apareciendo a medida que las páginas de la novela de suceden. Menos polémico que el de Martin Amis, sin dudas, no deja sin embargo de tocar un tema que está en el centro del debate contemporáneo y que se discute acaloradamente en parlamentos de nuestros países. Ambos libros se editarán en español en 2015 por Anagrama.

17.11.14

Representación de la barbarie cotidiana

Cinco novelas para narrar un siglo. Premio Clarín Novela 2014. Lo obtuvo el colombiano Daniel Ferreira con Rebelión de los oficios inútiles, una obra intensa, terrible y conmovedora que bucea en los orígenes de la violencia en su país: Colombia

Cinco novelas para narrar un siglo. “Cuando comencé a escribir –dice Ferreira– aspiraba a la novela total, pero advertí que ya no somos lectores totales, sino fragmentarios, de corta distancia. Lo que ocurrió en los 90 en Colombia me dejó destruido y desmoralizado, por eso me urge terminar esta Pentalogía. Quiero eliminar definitivamente de mi vida la cuestión de la violencia para poder escribir sobre otros temas.”/revista Ñ

Yo necesito curarme del tema de la violencia en Colombia. Necesito sanar mi infancia y mi primera juventud de la tragedia de vivir en una sociedad descosida.” Esto dice Daniel Ferreira, con una dulzura que no alcanza a encubrir el dolor que la afirmación le produce.
El proceso de sanación será largo. Dar cuenta de la violencia arraigada en la sociedad de su país le demandará la escritura de una serie de cinco novelas ­–la “Pentalogía de Colombia”–, de las cuales la tercera, Rebelión de los oficios inútiles , ha ganado la decimoséptima edición del Premio Clarín Novela y la admiración del jurado de honor.
Es que este muchacho de 33 años, oriundo de San Vicente de Chucurí (departamento de Santander), una población ubicada a unos 500 km de Bogotá, ha elaborado una obra de una calidad estilística notable y multitud de matices, que además forma parte de un proyecto de largo aliento. Algo inusual en esta época de literatura exprés.
–¿Cómo surgió la idea de la Pentalogía?
–A comienzos del año 2000, yo estaba escribiendo una novela que pensaba como un fresco donde convivirían distintos momentos de la historia no oficial de Colombia en el siglo XX. Aspiraba a la novela total pero advertí que ya no somos lectores totales, sino fragmentarios, de corta distancia. De pronto, entendí que debía separar las historias, y contar episodios correspondientes a distintas décadas.
­–Y la violencia sería el hilo conductor…
–Los “violentólogos”, que son los estudiosos de la violencia en Colombia, encuentran que el origen de la escalada de los años 80 y 90, ya con la intervención de los narcotraficantes, puede rastrearse en los conflictos de tierras de la década del 70 y la represión de los movimientos insurgentes cuyos reclamos nunca fueron escuchados. Estos a su vez están anclados en el nacimiento de las guerrillas marxistas de los años 60 que surgieron entre gente que se refugiaba en el campo porque era perseguida por la guerra del bipartidismo de los años 40 y 50, y también se puede retrotraer a la guerra de los mil días con la que empieza el siglo XX. Ninguno de estos conflictos encontró un camino de diálogo o negociación, jamás se solucionaron y la impunidad con la que se los ocultó enconó los odios. Pero mis novelas no están organizadas cronológicamente ni los personajes van a aparecer de una en otra. No hay una continuidad de personajes ni de historias, son piezas individuales.
­–¿Alguien lo aconsejó en esa decisión?
–Pues sí, lo hizo mi agente literario y editor que es el I Ching. Soy un ateo supersticioso. Y ese libro orientó muchas de mis decisiones. Lo consulté para resolver los desenlaces de mis libros, para presentarme a este concurso y para venir a la Argentina. Gracias a él interpreté que debía separar y discernir las historias para poder contarlas.

Otra manera de entender
Rebelión de los oficios inútiles entrelaza las vidas de tres personajes: Simón Alemán, un rico heredero que a fines de los años 60 hace dinamitar la cumbre de un cerro para construir allí un condominio de lujo, donde son empleados muchos trabajadores de oficios menores; Anita Larrota, una mujer de 72 años que encabeza la toma de esos terrenos cuando Alemán, ya alcohólico, quiebra y suspende la paga; y el periodista Joaquín Borja, que documenta en su pequeño periódico la represión de la revuelta, se hace amigo de Alemán y luego decide tomar las armas. Todo esto en el contexto de las fraudulentas elecciones presidenciales de abril de 1970. Se trata de una trama compleja y profunda, en la que conmueve la riqueza individual de los personajes y la intensidad de sus historias.
­–¿De dónde tomó la anécdota?
Era una historia que circulaba en mi pueblo, que referían mi familia y mis amigos. Aquellos personajes eran los héroes de mi infancia. Los recompuse a partir de testimonios, de notas en pequeños periódicos de la época: lo que se conoció en los años 70 como el periodismo revolucionario, que buscaba señalar los problemas que sufría la sociedad para movilizarla y combatirlos. Con esos indicios construí una suerte de memorial. También fui siguiendo las pistas que explicaban por qué el periodista se radicalizó. Me preguntaba: ¿Hasta dónde podemos mantenernos ajenos a lo que nuestra ética nos dice que está mal? ¿Acaso es posible aceptar que el gobierno utilice sus fuerzas de seguridad para reprimir, torturar y asesinar al pueblo que dice representar? En eso consistió la estrategia contrainsurgente colombiana y fue lo que permitió que hacia los 80 apareciera el paramilitarismo.
­–¿De qué tratan las dos novelas anteriores?
Viaje al interior de una gota de sangre es el texto embrionario y la base de todo, aunque se publicó después de La balada de los bandoleros baladíes . Está ubicada en los años 80 y narra una “incursión de objetivo múltiple”, el eufemismo que en Colombia se utiliza para referir una matanza. Una banda armada llega a un pueblo durante una festividad popular y, lista en mano, comienza a asesinar. Algo habitual en los enfrentamientos entre las fuerzas paramilitares y las guerrilleras de aquella época. Es un poco la historia del pueblo donde yo nací. La novela funciona como una bomba atómica: tiene un núcleo que se expande en cinco líneas dramáticas. Yo digo que es una crónica metafísica, en el sentido de que hay cosas que la crónica periodística no puede contar. Como dice Ricardo Piglia, la literatura es antagónica del periodismo porque mientras éste contrae y sintetiza los hechos, la literatura los expande. Y esa expansión quizá nos permita entrever algo sobre los odios de una sociedad.
–¿Y La balada de los bandoleros baladíes?
–Ese es un libro difícil, incluso para mí, porque aborda la violencia de los 90 desde el lugar de los perpetradores.
–¿Cómo construyó ese mundo?
–Oyendo muchos relatos que constan en los acervos judiciales pertenecientes a la Comisión de Verdad, Justicia y Reparación de la situación de los derechos humanos en Colombia. Ellos recogen los testimonios de asesinos ahora encarcelados, que explican los métodos de la barbarie con una naturalidad feroz. Presté mucha atención al tono de esos relatos. Por ejemplo, al narrar una masacre casi siempre eludían el momento de la ejecución, como si la mente se les fuera hacia otro lugar. No podían enfrentar de manera consciente el sufrimiento de los demás. Eso me solucionaba la cuestión narrativa porque me sentía incapaz de describir quirúrgicamente un asesinato.
–¿Qué lo intrigaba de esos testimonios?
–Cómo puede seguir viviendo alguien que ha descuartizado una persona, que ha estado en contacto con su sangre, que sabe de su olor. Supe de la obsesión de un sicario que decía que su cuerpo olía a flores podridas y por eso lo perseguían unas aves. Esas confesiones tan personales eran las que me interesaban. No los asesinatos en sí, sino los efectos que producían a posteriori en los involucrados.
–¿Obtuvo el testimonio directo de algún sicario?
–Nunca. No tengo las tripas para sentarme delante de alguien así y escucharlo. Lo que ocurrió en los 90 en Colombia me dejó destruido y desmoralizado, por eso me urge terminar la Pentalogía. Quiero eliminar definitivamente de mi vida la cuestión de la violencia para poder escribir sobre otros temas. Un sociólogo se pregunta qué descompone a la sociedad; un periodista le pregunta a un asesino por qué mata. Pero un escritor no puede hacer una cosa ni la otra. Lo que le queda es recurrir a una construcción dramática. En lugar de la explicación, tiene la representación, que es otra manera de entender lo sucedido.
La balada de los bandoleros baladíes obtuvo el Premio Latinoamericano de novela Sergio Galindo 2010. En la ceremonia de entrega estuvieron presentes algunos de los más altos representantes de la literatura latinoamericana actual como Sergio Pitol, Ernesto Cardenal y Sergio Ramírez. La novela se publicó en México y Ferreira prefiere que por el momento no se la conozca en Colombia.
­–¿Por qué?
–No hay que olvidar que fuimos los colombianos los que nos labramos nuestra propia desgracia. La novela toca muchas fibras sensibles, heridas dolorosas y ahora estamos en un momento de sanación. No sería apropiado.
–¿Qué opinión le merece la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa?
–Es muy penoso para mí, más allá de que el proceso histórico mexicano no se compara con el colombiano y no está bien equipararlos. El origen del conflicto armado en Colombia no es el narcotráfico, sino las prácticas que convirtieron la desaparición forzada de personas en una política de Estado, motivadas por sectores económicos que han defendido sus intereses con ejércitos sin ley. En México, el fenómeno es otro. Esta masacre nos afecta a todos porque nos muestra la capacidad infinita de producir dolor y la indolencia que nos domina para no reaccionar como corresponde. La barbarie es tan cotidiana que ya poco nos conmueve.

El salto al vacío

–¿Cómo decidió ser escritor?
–Empecé a escribir muy joven, unos diarios quinceañeros llenos de amor. Cuando conseguí mi primera ficción a los 16, supe que era mi camino. Escribir es, básicamente, tomar la decisión. Una poeta colombiana, Patricia Ariza, dice que el arte es arrojarse al vacío e ir construyendo las alas a medida que uno cae. Y eso hice. Los comienzos fueron duros. Estaba estudiando Lingüística en la Universidad Nacional, pero se me volvió una trampa. Al poco tiempo gané un premio de cuento y el dinero lo invertí en seguir escribiendo. Ese premio trajo otros, y así conseguí recursos para ya no depender de los seres queridos.
–¿Cómo aprendió a escribir?
–Leyendo. Leo ocho o diez libros al mismo tiempo, y me voy quedando con lo que más me interesa. Tomás Eloy Martínez fue uno de mis maestros. La lectura de Santa Evita me ayudó a pensar cómo incorporar material heterogéneo a la realidad que estoy narrando, incluyendo la crítica a la realidad y al material de archivo. También me enseñó cómo trabajar con la figura del testigo.
–¿Algunos otros autores?
–Nellie Campobello, autora de Cartucho , pequeñas piezas sobre la revolución mexicana que ella vivió de niña, me solucionó aspectos técnicos sobre cómo narrar mi propia memoria. Otra escritora fundamental es Agota Kristof. Con su trilogía Claus y Lucas entendí cómo contar las múltiples violencias no desde el dolor.
–¿De qué manera?
–Yo tenía por delante el imperativo de narrar un siglo demencial como lo fue el siglo XX en Colombia y una sociedad que se resquebraja, se asesina, se despedaza, sin olvidarme de que todo esto lo hemos hecho nosotros. No podemos reflexionar sobre lo que nos pasó porque para eso se necesita distancia. Con mi ficción intento entenderlo desde un lugar que no es el del dolor epidérmico ni el de la denuncia. Es algo más íntimo que tiene que ver con los sentimientos, las contradicciones y las neurosis de los personajes .

Literatura y nación


–¿Qué peso tiene en la literatura colombiana actual Gabriel García Márquez?
–Es, sin dudas, una figura emblemática. Sin embargo hay toda una generación que pensamos que el realismo mágico ya no es un camino. Con él se cierra una manera de escribir. Queda el agradecimiento por habernos dado un libro portentoso como Cien años de soledad . Y una enseñanza: una novela es un léxico y el escritor tiene el compromiso de desarrollar una observación aguda, profunda, festiva sobre el uso del idioma. El cumplió como nadie con ese compromiso. Por otro lado, su figura pública me despierta una advertencia: un escritor no debe subir a estrados con presidentes.
–¿Y la de Fernando Vallejo?
–Vallejo tiene dos libros fundamentales: El desbarrancadero y la biografía de José Asunción Silva. Fue un escritor importante en su momento, que se atrevió a hablar de una manera frontal y nueva. Pero yo no admito su misoginia, ni la recriminación de que los pobres son pobres porque se reproducen y no les gusta trabajar, ni que la solución sea borrarlos, porque ésa es una de las causas del dolor y la ira en mi país. Sus declaraciones públicas acerca de su odio a la mujer son nefastas.
–¿Y cuál es su propia ubicación dentro de la literatura de su país?
–A García Márquez le tocó narrar los mitos fundacionales, el origen de las sociedades, la unión, el mestizaje. A nosotros nos tocó dar cuenta de otro mundo: la proliferación de las urbes, los éxodos, los destierros, los campos arrasados del siglo XX. Yo pertenezco a la tradición de la novela de la violencia a la que trato de darle una interpretación y un tratamiento estilístico distinto del de las décadas anteriores.

El mexicano Élmer Mendoza y el misterio en Bogotá

El escritor invitado a  Bogotá Contada, presentó su novela  El misterio de la orquídea calavera

Élmer Mendoza, autor mexicano creador del detective Édgar El Zurdo Mendieta./eltiempo.com
El misterio de la orquídea calavera de Élmer Mendoza


Doce años después de estar por primera vez a Bogotá, el escritor mexicano Élmer Mendoza volvió con una doble intención: desentrañar historias sobre la capital y al mismo tiempo lanzar su nuevo libro 'El misterio de la orquídea calavera'.
Lo primero quedará consignado en un texto que Mendoza, reconocido exponente de la llamada narcoliteratura, hará sobre la ciudad para el proyecto Bogotá Contada, de Idartes; mientras que sobre su libro, una novela negra para jóvenes, habló con EL TIEMPO como pretexto para ahondar en su trabajo enfocado en las historias sobre narcos en el norte de su país.
'El Misterio de la Orquídea Calavera' está protagonizada por 'el capi' Garay, un joven de 18 años, que debe negociar la liberación de su padre, que ha sido secuestrado en San Luis Potosí (México), pero en realidad tiene otro relato interno, el de Edward James, un fascinante escocés que existió y se gastó 5 millones de dólares en construir los jardines de Xitila donde sembraba orquídeas:
¿Cómo nace este libro cuyo eje ya no es 'el zurdo' Mendieta, personaje de su exitosa saga ('Balas de Plata', 'La prueba del ácido', 'Nombre de perro')?
Partió de una pregunta sobre qué hacía yo para descansar. Mi literatura es muy adrenalínica, siempre estoy en el filo de la navaja. Y tenía dos historias incompletas, una con el 'capi y otra con Edward James, entonces se me ocurrió juntarlas. Me interesaba contar cómo la historia de un hombre como James podía influenciar una personalidad tan endeble como la de 'el capi'.
¿Por qué una novela negra para jóvenes?
No sé si es una decisión inteligente, digamos que es el medio el que me condiciona. En mi país ha subido mucho el secuestro, que es un delito tan inhumano, eso de apoderarse de la vida de alguien por dinero, no consigo entenderlo, entonces quise poner un delito así de definitivo para ayudarme a levantar a la personalidad de 'el capi', que es el hijo tonto de una familia y que a sus 18 años vive esta situación en la que puede convertirse en un perdedor o hacer algo con su vida. La circunstancia del secuestro le ayuda a conocerse, espero que mis jóvenes lectores pesquen esa punta de la madeja.
¿Es más difícil escribir novela para jóvenes?

Si hay que pensar a quién va dirigido un libro, pero a mí ambas se me hacen difícíles, lo cual es bueno, porque el día que a un escritor se le hace fácil es porque ya terminó. Yo trato de que mis novelas se parezcan pero no sean iguales y esta tenía que ser completamente distinta. Algunas veces estaba trabajando y advertía que estaba escribiendo como si mi personaje fuera 'el zurdo' Mendieta, entonces lo eliminaba sin piedad.
¿Cómo logra el tono de un adolescente como el de 'el capi' Garay?

Fue un proceso de casi tres años. Yo siempre escribo dos novelas a la vez y en esta lo que hice fue escuchar a los jóvenes de Tijuana, de Guadalajara, que hablan muy parecido.
En sus novelas prima el lenguaje coloquial y alguna vez dijo que empezó a escribir porque le interesaba el lenguaje...

Es muy importante. Es el lenguaje que me sale del corazón y eso me permite hacer un discurso diferente. Tengo antecedentes de maestros poderosos que tuvieron el valor de usar el lenguaje de la calle. Ejemplos como el Artistófanes que en su obra 'La asamblea de las mujeres', puso a un personaje a defecar en público, para eso se necesita un lenguaje; Shakespeare que cortaba las palabras pero entendía el poder oral para llegar al público; Cervantes, que es la mezcla del lenguaje y ritmos narrativos. Dante, a quien sus amigos le decían que cómo se le ocurría escribir 'La divina comedia' en toscano, que lo hiciera en latín que era el lenguaje de los hombres cultos. Al final, después de doce años la publicó en el lenguaje de la gente.
Y en autores modernos...

Sí, en todos los idiomas hay registro callejeros. No hay ninguna literatura que describa la palabra güevón como los autores colombianos. Yo la leo, veo el contexto y digo qué bonito, pero no lo podría hacer. Es una palabra que no me pertenece que es lo que yo hago con el lenguaje de mi región.
¿Qué opina de que lo llamen exponente de la narcoliteratura. ¿Qué es eso?

No me importa la etiqueta, soy el jefe o el creador y eso algún mérito tiene. Hablamos de una literatura que ha tenido que definir su estética y tiene que ver con la creación de atmósferas de violencia, de corrupción, que tienen que ver con los vasos comunicantes entre la gente que vive al margen de la ley con los que están dentro de la ley. Es también incorporar un lenguaje, un cierto grado de emotividad e historias muy fuertes.
¿Y en eso hay relación con Colombia?

Yo digo que mientras aquí escribían sobre sicarios, nosotros escribíamos sobre narcos pasando la frontera, negociando cargamentos de millones, no sobre el control de las vidas, que se supone que es el tema de los sicarios, sino del mercado de los adictos y eso implica ciertas diferencias. En Estados Unidos hay una narrativa sobre el mundo de los adictos que a nosotros nos falta, yo digo que nosotros (mexicanos)escribimos de todo lo que tiene que pasar para que ellos tengan esos personajes y escriban sobre ellos.
¿Es más fácil hacer novela negra en países como estos?
Hace 30 años se decía que en América Latina no podía haber novela policíaca porque no teníamos ni policías decentes, pero se ha demostrado que se puede y hay ejemplos invaluables. Los territorios narrativos que daban prestigio acá no eran los policíacos, se tendía al 'boom', al planteamiento de lo maravilloso que ocurría en regiones pequeñas, pero creo que estamos impulsando una posibilidad de hacer novela policíaca que va a reventar muy bien en América y en Colombia.
¿Es 'el' momento de la novela negra en América Latina?

Fue tan intenso lo del boom que creo que estamos buscando cómo sacudirlo. Aquí siempre hay un delito y una historia, además de la posibilidad de mezclar: historias de amor, de corrupción, de lo que quieras, con una investigación policíaca.
Creo que se fortalecerá y tendrá que ver con que los autores están demostrando que la novela policiaca no es mediocre, que no se escribe en tres meses como se pensaba, sino que lleva años. También tiene que ver con las propuestas desacomplejadas de la neopolicíaca latinoamericana cuyos ejemplos son Leonardo Padura, Paco Ignacio Taibo II, Ramón Díaz, Roberto Ampuero y Juan Sasturain
Sobre Bogotá

"Llegué con dos historias de hechos que ocurrieron antes del siglo 19 y sobre dos sitios, pero me han salido tantas más que decidiré lo que escriba una hora antes de sentarme frente al computador. He visto una ciudad más hermosa y más limpia que hace doce años, con gente más relajada".

15.11.14

Gimferrer: "El castellano ha perdido eficacia poética"

Pere Gimferrer lanza dos nuevos poemarios, uno escrito en italiano

Pere Gimferrer durante la presentación en Madrid de sus libros  El castillo de la pureza y  Per riguardo. / Luca Piergiovanni ./elpais.com
Parece sorprendido Pere Gimferrer (Barcelona, 1945) de que se le haga notar que aparece cuatro veces la palabra muerte en ocho estrofas de uno de sus recientes poemas. Coge el volumen y lee por encima de las gafas. A los dos segundos, murmura: “Ay, estaba mirándolo en castellano, voy al original italiano…”. Sí, el último libro del académico se titula Per riguardo (Fundación José Manuel Lara) y está escrito directamente en esa lengua (versión española de Justo Navarro). Y acompaña en el mercado a El castillo de la pureza (Tusquets), versión castellana (de José María Micó) de su último poemario en catalán El castell de la puresa, de principios de este año.
La sombra de la muerte y cierta añoranza por la juventud marcan el tono del más profundo y personal Per riguardo, temas que también aparecen en El castillo… si bien el cordón umbilical más fuerte es un trasunto crítico con la situación política y social, de una violencia latente --“nella città dei fiamme in rivoltelle” (“en la ciudad de llamas en revólveres”)-- y una vida aparente: --“Així vivim, com viuen els follets / o els focs follets, com la calamarsada / que només sap que és la voluntat cega / d’escampar el foc o l’aigua destructiva” ("Así es como vivimos, como duendes / o como fuegos fatuos, o granizo / que solo sabe del designio ciego / de esparcir fuego o agua destructiva”).
Pere Gimferrer, en el ascensor del edificio del Grupo Planeta. / Enric Vives-Rubio
La culpa de los versos italianos la podría tener Dante, cuya Divina comedia ha leído seis veces (“por encima de Proust, al que he leído cinco”, constata como sorprendido de sí mismo), pero el hecho es que publicó por vez primera en castellano en 1966; en catalán, en 1970 y ahora en italiano. “No dejan de ser variables del latín. En una misma semana he escrito en los tres idiomas; también tengo alguna cosa en francés, pero no lo muestro porque es una lengua en la que es fácil hacer un pastiche”.
Lo dice con naturalidad abrumadora. “Hace años que no leo traducciones y eso ayuda, quizá de algún ruso u oriental sí, pero pienso y leo en diversos idiomas aunque no los hable”. Y repasa la génesis de los que le son propios: “El castellano es el idioma de mi formación, aunque en la escuela no aprendí nada de idiomas, solo latín; escribir en catalán en los 60 tenía un significado político, pero para mí era una cosa más: yo aprendí a nombrar las cosas en catalán y eso había de salir en algún momento; y del italiano he visto mucho cine, he estado muchas veces... El italiano es una lengua mía”.
A las causas terrenales hay que añadirle las poéticas, las que le permiten versificar directamente “Tutto questo azzardandosi all’esistere / la morte consisteva nell’insistere” (“Todo esto arriesgándose a existir: / la muerte consistía en insistir”). “Las palabras nacen como un núcleo rítmico que se concreta en unos sonidos que me llevan a un idioma determinado… Pero los poetas no pensamos en ningún idioma sino en imágenes e ideas. Las ideas no están formuladas en lengua alguna”.
Los poetas no pensamos en idiomas sino en imágenes e ideas
Pessoa, que escribía en portugués, inglés o francés; Carles Riba, Francisco Aldana y Rodolfo Wilcock, que lo hacían amén de en catalán o castellano, en italiano… La erudición de Gimferrer saca precedentes como de una chistera, la misma magia con la que explica que la culpa de todo la tienen las propias palabras. “Cada idioma tiene palabras que determinan la poesía; las palabras en un idioma tienen una eficacia poética que no tienen en otro. Fíjese en la sonoridad de morte: en italiano manda mucho, para empezar son las mismas sílabas que notte, son casi sinónimas…”. Redobla su didáctica: “Las palabras determinan en parte las temáticas y otras han dejado de ser poéticas por el abuso que se ha hecho de ellas; por ejemplo: ‘Unos labios rojos’ ya no funciona poéticamente, se ha de decir de otra forma. Hay muchas palabras catalanas del XV que no han envejecido, que se han preservado por su no uso, y en cambio otras del XIX y del XX, por la necesidad de construcción del lenguaje poético, han quedado totalmente inutilizadas para ello”. ¿También ocurre en castellano? “Claro: hay muchas palabras gastadas por la misma Generación del 27, recuperadas de Rubén Darío, Góngora o Garcilaso, que no funcionan sino como del 27. Fuera de ahí, no van. El castellano ha perdido eficacia poética por su alta actividad…”.
Admite Gimferrer que sus poemas en italiano “quizá son más oscuros porque el vocabulario me lleva a concentrar más lo que quiero decir; es la suma de Dante y Ungaretti y Montale… El catalán de El castell de la puresa también lleva a ello, pero el estilo lo camufla”. De joven, tras una primera redacción, Gimferrer eliminaba nexos de asociación de ideas de sus composiciones. “Ahora lo hago automáticamente durante el proceso de escritura mismo; hoy tengo más confianza de que el lector me siga”. ¿Y si no lo hace? “La poesía consiste en la asociación de palabras y sonidos que sólo existen en el poema. Querer entenderla como se entiende el argumento de una novela eso está descartado en poesía. Nadie va a leer las Soledades de Góngora para enterarse de lo que hacen los cazadores y pescadores; se lee por otro motivo: uno busca la asociación de imágenes y palabras que hace Góngora con el pretexto de esos cazadores y pescadores”.
Lo ideal para España sería la confederación; pero da miedo decirlo”
Hay en Per riguardo y en El castillo de la pureza una notable presencia de la parca (“está también ya en Arde el mar o en Hora foscant; puedo morir mañana o en 10 años pero esa presencia de la muerte ya la tenía a los 20 años”, arguye) y una notable nostalgia de una juventud (“La bella addormentata”) añorada: “Ens fan mal les estelles del temps adolescent: / s’han esberlat els vidres de tanta primavera” (“Nos duelen las astillas del tiempo adolescente: / se ha quebrado el cristal de tanta primavera”)… “También estaba en Arde el mar, en Rapsodia y en Alma Venus, y en unos poemas castellanos inéditos… Veía esa juventud como si no la viviera de muy chico: a los 13 años, en 1958, había leído a Blas de Otero, que acababa de publicar Ancia, donde había una angustia existencial que quizá no me marchó”.
Hay nostalgia camuflada, pero en cualquier caso con una exuberancia de colores muy visible. “Lo aprendí de Joao Cabral de Melo, que en 1967 mantenía que un poeta no puede decir una cosa que no sea visualizable; puede formular cosas que no sean aceptables en el terreno de la realidad; tiene razón: Gonzalo de Berceo habla sobre la Virgen en un prado y puedes no creerlo pero lo puedes visualizar y eso me lleva a una poesía de imágenes y colores…”.
Es difícil que domine bien el catalán o el castellano quien no ha aprendido sólidamente latín
Pero la realidad es más sucia: ambos libros y su predecesor, Alma Venus, están escritos entre 2012 y hoy, momentos de ebullición política y baja catadura moral en el imperio de lo material. “Si per tant de dolor i per tantes gemmes / no hem sabut viure més que de biaix..” (“Si por tanto dolor y tantas gemas / hemos sabido solo vivir de refilón…”). La sociedad y la gente está manchada (“Si tots nosaltres som una mascara –“Si todos nosotros somos solo un tizne”) y el nacionalismo exacerbado, el fascismo y el terrorismo hacen aflorar versos en los que cita desde la marcha sobre Roma de Mussolini a las Brigadas Rojas. “De la situación política ya he hablado claramente en Alma Venus: ahí ya salían Paesa e, indirectamente, Urdangarin. No creo que éstos sean años más graves que otros ya vividos: Roldán, los GAL y, antes, la matanza de Atocha… Hay mucho de eso en la historia reciente”. ¿Y le afecta como poeta? “Como persona más bien y, a veces, como poeta, pero la persona es el poeta, ¿no?”.
La consulta popular soberanista del lunes en Cataluña es “una jugada más de una partida de ajedrez que no sabemos cómo evolucionará”, pero que a diferencia de otros movimientos nacionalistas en Europa, llega con el factor de “una crisis económica que también explica la subida de Podemos”. Pero la clave vuelve a estar en una palabra: “Nadie quiere pronunciarla: confederalismo. Da miedo a todos. Sería lo mejor, pero es más fácil pedir federalismo o, incluso, independencia”. En El castillo… recoge: “Tants homes morts per l’or d’una senyera /per una llum apócrifa potser” (“Tantos muertos por el oro de una bandera/ por una luz apócrifa quizá”).
Cualquier libro que llega de América está mejor escrito que el que llega de España; el castellano de aquí vive una degradación extraordinaria
Pero la preocupación mayor de Gimferrer es la lengua. Sobre el catalán, cree que ha de optar entre un uso extensivo o de prestigio: “El uso de prestigio es importante porque si no parece que estés defendiendo una lengua secundaria. Pero el solo uso de prestigio nos podría llevar a chino mandarín. A la inversa, el uso en los mass-media nos lleva a un catalán xaró” (chabacano). También le inquieta el castellano: “El que se usa en la península no muy bueno; es mucho mejor en México, Colombia o Buenos Aires”. Y no es bueno por un tema escolar: “Es difícil que domine bien el catalán o el castellano quien no ha aprendido sólidamente latín; suena reaccionario pero estoy absolutamente convencido de ello; cualquier libro que llega de América está mejor escrito que el que llega de España, el castellano de aquí vive una degradación extraordinaria, pero también veo faltas de ortografía en diarios franceses como nunca antes…”.
La escritora alemana Charlotte Grasnick dijo en uno de sus más conocidos poemas ‘Autorretrato de frente y de perfil’: “Dos yoes/ hacen dos sombras/ dos yoes/ son dos sueños/ los ojos dos espejos/ van empañándose/ de la respiración del tiempo”. A fuerza de no interpretar arbitrariamente, este poema bien podría retratar la experiencia de una nación dividida.

Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección: http://www.elcomercio.com/tendencias/caida-murodeberlin-literatura-cultura-libros.html?__scoop_post=95e4c630-6809-11e4-b89e-842b2b775358&__scoop_topic=2057003#__scoop_post=95e4c630-6809-11e4-b89e-842b2b775358&__scoop_topic=2057003. Si está pensando en hacer uso del mismo, por favor, cite la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. ElComercio.com
La escritora alemana Charlotte Grasnick dijo en uno de sus más conocidos poemas ‘Autorretrato de frente y de perfil’: “Dos yoes/ hacen dos sombras/ dos yoes/ son dos sueños/ los ojos dos espejos/ van empañándose/ de la respiración del tiempo”. A fuerza de no interpretar arbitrariamente, este poema bien podría retratar la experiencia de una nación dividida.

Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección: http://www.elcomercio.com/tendencias/caida-murodeberlin-literatura-cultura-libros.html?__scoop_post=95e4c630-6809-11e4-b89e-842b2b775358&__scoop_topic=2057003#__scoop_post=95e4c630-6809-11e4-b89e-842b2b775358&__scoop_topic=2057003. Si está pensando en hacer uso del mismo, por favor, cite la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. ElComercio.com
La escritora alemana Charlotte Grasnick dijo en uno de sus más conocidos poemas ‘Autorretrato de frente y de perfil’: “Dos yoes/ hacen dos sombras/ dos yoes/ son dos sueños/ los ojos dos espejos/ van empañándose/ de la respiración del tiempo”. A fuerza de no interpretar arbitrariamente, este poema bien podría retratar la experiencia de una nación dividida. Para Alemania, un país con la misma historia e idioma, el ­Muro de Berlín -además de todo su peso político- también ­marcó a distintas generaciones en su manera de ver el mundo. La literatura no deja de reflejar las transformaciones de quienes vivieron tanto en la ­República Federal Alemana (RFA, Oeste) y la República Democrática Alemana (RDA, Este). Autores clásicos como Günter Grass o Krista Wolf volcaron a sus obras los cambios que dejó la caída del muro. No obstante, generaciones más jóvenes de escritores, entre los que cuentan Ingo Schulze (1962) o la berlinesa de origen turco Yadé Kara (1965) también hicieron suya la experiencia de la escisión en libros como ‘Adam y Evelyn’, de Schulze, o ‘Selam Berlin’, de Kara. Ambas novelas muestran las consecuencias personales que ha tenido la caída en sus personajes. Quien lo trata desde una mirada que abarca consigo más años, haciendo a su vez una perspectiva histórica que se remonta al nacimiento del Imperio Alemán a finales del siglo XIX, es Grass con su novela ‘Es cuento largo’. En ella, se parte de la caída del Muro para mirar los cambios que ha dejado cada acontecimiento en la historia alemana. Esta novela es considerada una de las más polémicas del autor, debido a sus críticas a la reunificación de la RDA y la RFA. Pero hay muchas otras historias. Por ejemplo, en ‘Algún día nos lo contaremos todo’ de Daniela Krien (1975), la joven María vive en la casa de la familia de su novio. Sin embargo, la vida campesina tranquila que le ofrece dicha estancia se fractura cuando conoce a Henner, un hombre mucho mayor a ella. El lenguaje descriptivo de Krien no resta la fuerza que seduce y devasta al momento de las grandes rupturas, tanto en la vida de María como en la del pueblo alemán. Así, a modo de metáfora, son más palpables los efectos de la reunificación tras décadas de encierro. En cambio, en ‘La Torre’, de Uwe Tellkamp, los personajes centrales viven en un barrio residencial de Dresden (ciudad al norte de la RDA). Tellkamp dibuja a los protagonistas como seres reflexivos, negativos y distantes, aficionados a la poesía, la música y las artes plásticas. Con ese tratamiento, a la psicología de la familia Hoffmann y el familiar cercano Meno Rohde, el autor muestra las contradicciones en el discurso de esa parte de Alemania. Y ‘Zona de tránsito’, de Julia Franck, reúne a cuatro personajes en uno de los edificios destinados a los refugiados que huían de los regímenes afines a la República Soviética. Con humor descarnado y sutileza, la escritora pone de relieve el desasosiego al que estaban ­expuestos los exiliados no solo de la RDA sino también de Polonia u otros países. Por su lado, aunque no prometa mucho por su título poco creativo, ‘La caída del Muro de Berlín’, de los franceses Jean-Marc Gonin y Olivier Guez, compila una serie de relatos y testimonios de periodistas, políticos, militares, artistas y manifestantes alrededor de los 35 últimos días del derrumbe definitivo del muro que dividió Berlín. Según críticos y académicos alemanes, como Britta Lange, la ‘literatura de la reunificación’ -como se la ha llamado- todavía tiene mucho que dar a los lectores.

Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección: http://www.elcomercio.com/tendencias/caida-murodeberlin-literatura-cultura-libros.html?__scoop_post=95e4c630-6809-11e4-b89e-842b2b775358&__scoop_topic=2057003#__scoop_post=95e4c630-6809-11e4-b89e-842b2b775358&__scoop_topic=2057003. Si está pensando en hacer uso del mismo, por favor, cite la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. ElComercio.com

14.11.14

Allende: "Llegué con lo puesto a EE.UU"

 La escritora chilena recibirá la Medalla de la Libertad de manos de Barack Obama, junto a personalidades como Meryl Streep y Stevie Wonder. Ya tiene nueva novela: se llamará El amante japonés

Isabel Allende, autora chilena de La casa de los espíritus./latercera.com

Exiliada de Chile, en los 70 llegó a Venezuela, donde estuvo más de 10 años. Hasta que tomó una decisión: quería una nueva oportunidad en otro país. Y viajó de Caracas a San Francisco, Estados Unidos. 
Era 1988 e Isabel Allende sospechaba que se acercaba un futuro mejor como escritora. Ya era la autora de la novela La casa de los espíritus. “Llegué acá prácticamente con lo puesto. Yo venía de paso. Pero me enamoré de Willy y me quedé. Este país me ha tratado muy bien”, recuerda la autora chilena desde su casa de California, donde comparte su vida con el abogado y escritor norteamericano William Gordon.
 
 
“Hoy (ayer) es feriado. Es el día de los veteranos de guerra”, dice Isabel Allende, de 72 años, al teléfono a La Tercera. “Estoy muy contenta”, agrega. Tiene razones para ello: el lunes 24 de noviembre, en la Casa Blanca, recibirá la Medalla de la Libertad. Ayer, los portales informativos en español replicaron la noticia. 
“Ha sido tremenda la sorpresa, porque es el honor más grande que puede recibir un civil en este país”, señala Allende, quien recibirá la condecoración de manos del presidente Barack Obama. 
“Me metí en Google para ver las otras personas que habían recibido esta medalla. Y en la lista estoy en muy buena compañía. ¡Imagínate!, de Bob Dylan a Meryl Streep”, dice entre risas, la autora que ha vendido más de 50 millones de ejemplares en el mundo.
Sencilla y cercana a sus lectores, Isabel Allende cautiva al público y al mercado cada vez que publica un nuevo libro. Su última obra, la novela policial El juego de Ripper, apareció en enero pasado. Sólo el primer semestre, en Chile, vendió más de 20 mil copias. Un acontecimiento para la industria editorial local.   
“La gente es muy cariñosa”, dice la autora de Mi país inventado sobre la serie de felicitaciones que recibió en su correo ante la noticia. Allende, quien obtuvo la ciudadanía estadounidense en 2003, además es miembro de la Academia de Artes y Letras de EE.UU. 
“Estos ciudadanos han realizado contribuciones extraordinarias a nuestro país y al mundo”, señaló en un comunicado, a través de la Casa Blanca, Barack Obama. Son 19 personalidades las que recibirán la Medalla de la Libertad. Algunos de ellos, la actriz Meryl Streep, el cantante Stevie Wonder y Suzan Harjo, escritora y activista por los derechos de los indios americanos.
Las noticias no se han detenido para Isabel Allende. La semana pasada recibió un correo de su agente Carmen Balcells. “Es una novela genial, que tiene muchos niveles de lecturas”, le decía tras leer su próximo libro aún inédito. 
De momento su título es El amante japonés y transcurre en San Francisco. “Es una novela totalmente contemporánea. La historia es narrada por una mujer de 81 años que retrocede en el tiempo. Es la historia de un amor excepcional”, cuenta Allende sobre el relato que saldría en 2015. 
No fue fácil escribirla. Mientras lo hacía, a principios del 2013, su hijastro murió por sobredosis de heroína. “Mi marido estaba con una depresión feroz. No podíamos avanzar. Pero ahora Willy está mucho mejor. Ha salido adelante y ya está trabajando en un nuevo libro. Sin embargo, le pegó muy fuerte. Imagínate, es su segundo hijo que muere por drogas”, señala.  
¿De dónde se inspiró para crear la protagonista de su nuevo libro?
Lo cierto es que se me ocurrió porque estoy rodeada de gente vieja. Mis padres tienen 94 y 98 años y cuando los visito en Santiago, los visitan a ellos personas de edades similares. Y muchos de mis amigos tienen a sus padres ancianos. El tema de la vejez en Estados Unidos, de una generación que nació en la década del 50, está muy presente. Pero mi libro no es sobre la vejez, sino sobre el amor. El poder enamorarse de otro supera cualquier edad. 
El tema amoroso cruza toda su obra y la condujo incluso a un terreno que miraba con distancia. Hasta que en mayo de 2013, la escritora se sorprendió con el estreno de la ópera Dulce Rosa, dirigida por Plácido Domingo, cabeza de la Opera de Los Angeles.  La historia está basada en un cuento de su autoría llamado Una venganza. “Plácido Domingo quiere seguir mostrándola. Ya está contratado el Teatro Municipal de Santiago para su exhibición en enero o marzo del 2016 ”, señala Allende y pregunta inmediatamente cómo se ha dado el debate esta semana sobre la Reforma Educacional.
¿Cómo ve los cambios que se están produciendo en Chile? 
En Chile hay problemas, pero estoy segura que el país está mucho mejor que la mayoría de los países del continente. Por ejemplo, la Reforma Tributaria tenía que ocurrir. No es posible que los ricos no paguen o paguen muy bajos impuestos. Y es más, luego de la Reforma Educacional hay que elaborar la Reforma a la Salud. Creo que Michelle Bachelet está recibiendo más palos de los que merece. Si ella no hace las reformas ¿quién está dispuesto a hacerlas?

12.11.14

Instituto Hispánico Nicaragua felicita a Ramírez por su premio Carlos Fuentes

El Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica felicitó hoy al escritor y novelista nicaragüense Sergio Ramírez Mercado por haber ganado el Premio Internacional Carlos Fuentes

Sergio Ramírez es reconocido con la primera edición del Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria de México./lainformacion.com
"El INCH expresa su profundo regocijo porque el escritor nicaragüense Sergio Ramírez Mercado ha sido seleccionado como ganador del Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria", edición 2014, indicó ese Instituto en un comunicado.
Según el INCH, ese premio "enorgullece a toda Nicaragua, especialmente a los intelectuales, escritores, poetas, amantes de la cultura y de la literatura en general".
"Felicitamos efusivamente a Sergio, y le deseamos que continúe su prolifera producción literaria, con el esmero y calidad que siempre ha sabido imprimirle", añadió.
Ramírez ganó este martes el Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria por "conjugar una literatura comprometida con una alta calidad literaria", según los organizadores del galardón.
En el acta de premiación, el jurado destacó el papel de Ramírez (1942) "como intelectual libre y crítico, de alta vocación cívica", señalaron el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Además de los 250.000 dólares con que está dotado el premio, Sergio Ramírez recibirá un diploma y una obra escultórica diseñada por el artista español Vicente Rojo.

Sergio Ramírez sostiene que el egoísmo del escritor es "creer que el mundo termina con él" 

"Yo creo que el egoísmo de un escritor es pensar que el mundo termina con él y que mientras más fracaso tengan los que vienen detrás, más podrán realzarse sus obras. Eso me parece que es una estupidez que hay que combatir".

Esta es la reflexión que ha hecho el escritor nicaragüense Sergio Ramírez, ganador de los premios Alfaguara en 1998 e Iberoamericano de Letras "José Donoso" en 2011, en una entrevista concedida a Efe.
"Yo seré mejor escritor en la medida en que yo pueda apoyar a los más jóvenes en todo lo que esté a mi alcance, no sólo a través de talleres literarios, sino sobre el arte de la escritura, hablando con ellos de literatura, tratando que se encuentren entre sí y que sus obras abandonen nuestras fronteras", argumentó Ramírez.
"Yo siempre he dicho que no podemos dejar a nuestros escritores de talento con nuestras fronteras centroamericanas por cárcel", razonó el escritor, de 72 años de vida y 52 en las letras.
El también cuentista y exvicepresidente de Nicaragua (1985-1990) es de la opinión de que la literatura se hace de "generación en generación", y por tal motivo, hace todo lo que está a su alcance para que el escritor centroamericano, principalmente el nicaragüense, sea reconocido internacionalmente.
Uno de sus proyectos para promover la literatura, tanto en Nicaragua como en la región, es "Centroamérica Cuenta", una plataforma que nació hace dos años y que entre otros busca que los autores centroamericanos, consagrados y emergentes, den a conocer sus escritos en Europa y otras partes del mundo.
"Es una buena plataforma. Ya llevamos dos años. El próximo año vamos a tener el tercer encuentro en Managua con escritores no sólo centroamericanos, sino también europeos, sudamericanos y de México", destacó el literato.
La idea de esos encuentros promovidos a través de la iniciativa "Centroamérica Cuenta", según Ramírez, es que los escritores de la región, "sobre todo los más jóvenes, que es a los que privilegiamos, puedan asomarse al mundo y el mundo pueda asomarse a ellos".
"En segundo lugar relacionado con Centroamérica Cuenta, que es un gran paraguas, una marca de fábrica, es que hemos logrado ya publicar una antología de cuentistas jóvenes centroamericanos en francés, alemán y en español" y próximamente en inglés, subrayó.
La antología, cuyo nombre en español es "Espejo roto", ha abierto sus puertas para que los escritores centroamericanos "vayan siendo conocidos no sólo dentro de nuestras fronteras, sino fueras de nuestras fronteras", resaltó.
Esa antología fue publicada por seis editoriales centroamericanas, que se unieron para sacar a circulación esa obra de los autores jóvenes de la región, anotó Ramírez, para quien "Centroamérica Cuenta" tiene el fin de revelar la riqueza de la literatura centroamericana y promocionar su valor.
"Ahora el talento se multiplica. Yo he leído, pues soy lector de literatura centroamericana y desde luego que soy antologador, (y) encuentro de que hay escritores muy valiosos aún de los más jóvenes que tienen 25 a 30 años que merecen la pena que sean conocidos y que sus obras sean publicadas", expresó.
Entre las múltiples obras de Ramírez (1942) se encuentra "Margarita, está linda la mar", una novela sobre la dinastía de los Somoza (1937-1979) que gobernó Nicaragua y que le valió el Premio Alfagura de Novela en 1998.
También están "Castigo Divino" (1988), "La marca del Zorro" (1989), "Oficios compartidos" (1994), "Charles Atlas también muere" (1994), "Un baile de máscaras" (1995) -reconocida con el Premio Laure-Bataillon 1998 en Francia- "Adiós muchachos" (1999), "Mentiras verdaderas" (2000) y la compilación de cuentos "Catalina, Catalina" (2001).

11.11.14

Abad Faciolince: "Yo escribo sobre lo que me sale de las entrañas"

Superar un fenómeno editorial como El olvido que seremos no es fácil. Después de siete años de espera, Héctor Abad Faciolince regresa con  La Oculta

 

Héctor Abad Faciolince publica La Oculta, su nueva novela después de siete años de silencio literario./semana.com

Cuando murió Gabo se reveló que él terminó por odiar el éxito de Cien años de soledad. Su vida le cambió. ¿Qué pasó con usted a raíz del suceso de  El olvido que seremos?

Héctor Abad Faciolince: Guardadas todas las proporciones, pues lo de Gabo fue un boom y lo mío apenas un clic, El olvido sí me cambió la vida como escritor. Hubo un clic, no solo con los lectores colombianos, sino con la gente más inesperada de las culturas más lejanas. El renombre te hace perder intimidad, sosiego, incluso serenidad para escribir, pero no creo que eso se deba odiar.

Según lo ha confesado, antes de ‘La Oculta’, desechó un par de novelas que tenía casi listas.

 
Sí, terminé una novela que no me gustó, Antepasados futuros, y no pude terminar otro libro, Tres novelitas mafiosas. Pero esto no es nuevo en mí. No creo que todo lo que escribo sea bueno y merezca ser publicado. Escribir es también desechar, descartar, tirar a la basura. El arte es lento y difícil y yo no quisiera sufrir nunca de incontinencia verbal. Una cosa es ser escritor y otra cagatintas.

Se sabe que usted sufre cuando vuelve a leer las cosas que escribió. ¿Por qué esa sensación?

Porque soy buen lector y me comparo con los escritores verdaderamente grandes de la lengua y de la literatura. Claro, si me comparara con ciertos escritores muy mediocres me sentiría un genio; pero me comparo con genios y me siento un enano.

¿‘La Oculta’ es también biográfica, ¿Cómo nace una historia así?

Todos mis libros parten de mi propia vida o de personas cercanas a mí. El libro nace de una experiencia muy extraña que tuve en un lago que hay en la vereda La Oculta, en el suroeste antioqueño. Allí se había ahogado alguien y querían que yo ayudara a buscarlo, porque voy a nadar a ese lago. Me sumergí hasta que sentí la cabeza del ahogado. Tocar un cuerpo inerte por debajo de unas aguas muy oscuras es una experiencia muy rara. De repente el lago se mezcló con la finca de mis bisa-buelos y todo se llenó de fantasmas del pasado. Pero como a mí no me interesa el realismo mágico, sino la verdad, bueno… no le voy a contar la novela.

Así parece complejo el proceso de escritura de esta novela…

Fue tan complejo que cambié muchas veces el punto de vista: yo como narrador, luego narrador omnisciente, luego voces que hablan. Al fin me decidí por la voz de los tres hermanos dueños de la finca y del lago. Tres hermanos inventados, aunque basados en personas que conozco, al menos en parte. En un momento me desanimé e iba a empezar otra novela: Memorias de un amante impotente, que iba a ser como una metáfora de la impotencia de la escritura.

  ¿Entonces qué salvó a ‘La Oculta’?

  En Lima me crucé con varios escritores: Mario Vargas Llosa, Javier Cercas, Leila Guerriero y Rosa Montero. Cercas me regañó en público, por el bloqueo y la impotencia literaria. Vargas Llosa, en particular, me dijo que uno se sienta y trabaja y corrige todo lo que no le gusta hasta que le gusta. Leila sintió mi mismo miedo. Rosa Montero me ofreció incluso que escribiéramos juntos una novela, para salir del atasco. Estuve cuatro meses en Berlín y allí corregí el viejo borrador de La Oculta. La terminé cuando Ana Roda, mi editora, me la arrancó de los dientes y me dijo: “Ya, no más correcciones, se fue a la imprenta.”

Si a uno le dicen que es la historia de una finca, uno se remonta a ‘La casa de las dos palmas’ o hasta el mismo ‘Tipacoque’, también a algo de Carrasquilla. ¿No teme que la gente la perciba como anticuada, como costumbrista?

Por mí que piensen lo que quieran. En el libro hay incluso un trapiche de una familia Tejada, que es para mí un pequeño homenaje a Tipacoque. Y en la cabaña donde yo escribo, en La Ceja, sembré dos palmas en honor a Mejía Vallejo. En cuanto a Carrasquilla, tiene páginas maravillosas. Compararme con ellos sería elogiarme. Si lo que critican es que Colombia ya no es un país rural sino urbano, les diré que yo escribo sobre lo que me sale de las entrañas. Y esta vez quise escribir sobre una región que es tierra de mi tierra, agua de mi agua y aire de mi aire. Y no digo sangre para no ponerme patético.

¿Se puede decir que ‘La Oculta’ es un libro de denuncia social? De no ser así, ¿cómo la clasificaría?

  Es una novela que trata de explicar el apego a un sitio. Los seres humanos somos territoriales, como los leones. Pero esta no es una novela sobre el problema de la tierra en Colombia. No es un libro que denuncie la situación injusta de los campesinos sin tierra. Lo que narra es lo que sienten por la tierra unas personas que son bisnietas o tataranietas de campesinos que, una vez en la historia, pudieron llegar a ser dueños de una tierra. En esta parte de Antioquia no hubo encomenderos ni monasterios dueños de toda la tierra: hubo colonos, y de esos colonos, pequeños propietarios, venimos muchos antioqueños. Yo creo que eso explica en parte nuestra forma de ser.

Es una novela con más presencia femenina que masculina. ¿Existe algún propósito?

 Un escritor está harto de ser siempre él mismo y quiere ser otros. Yo pude ser dos mujeres en este libro, Eva y Pilar, y un hombre que no es como yo y que vive en Nueva York, aunque añorando La Oculta. Un tipo que en medio de la metrópolis por antonomasia lo que tiene en la pantalla del computador cuando lo prende todos los días es una foto del lago y de las montañas de su finca en el trópico.

¿Qué espera de su libro en medio de un mercado que los analistas dividen entre la literatura pura y la literatura basura?

Bien decía Santa Teresa: “Lee y conducirás; no leas y serás conducido”. A los que leen de verdad no los pueden jalar por la nariz, como bueyes, ni los políticos ni los mafiosos ni los hampones. Ni los malos escritores.

¿Usted sobre qué no podría escribir?

Hay ríos en los que uno no puede nadar porque se ahoga. Yo no me tiro a nadar en ríos que no conozco. Tampoco escribo sobre lo que no conozco. Por eso escribo sobre una finca cafetera en Antioquia y no sobre un viñedo en la Rioja o una granja de corderos en Australia.

Hay quienes afirman que a este país siempre lo han manejado como si fuera una finca, ¿está usted de acuerdo?
Lo importante es no manejarlo como si los ciudadanos fueran peones y los presidentes capataces. Este país debe abandonar el modelo del terrateniente que da órdenes a los gritos y regaña y maltrata a peones sin tierra. Tampoco sirve el modelo de la cooperativa en donde el que grita como un capataz es el funcionario del partido. El buen modelo debería ser el de millones de medianos propietarios que no se tratan con órdenes gritadas y obediencia servil, sino que se tratan de tú a tú, entre iguales.