17.9.11

La creación inconsciente

La escritora estadounidense Siri Hustvedt habla de sus estudios sobre neurociencia y psicoanálisis para escribir ficción, como lo hizo en el libro autobiográfico La mujer temblorosa sobre sus problemas con las migrañas
Siri Hustvedt: "Escribir ficción es parecido a un sueño consciente".foto.fuente:Revista Ñ

Siri Hustvedt tiene el aura de una celebrity. En la sala privada del hotel, espera para la entrevista rodeada de fotógrafos y asistentes. Le ofrecen un desayuno. Si tuviéramos acceso más directo a las revistas de chimentos de los Estados Unidos estaríamos al corriente de que su hija, la bella Sophie, fruto de su duradero matrimonio con Paul Auster, cultiva un romance con Jimmy Jagger, hijo de Mick. Pero ella, Siri, parece ocupada en otras herencias, y en otras cuestiones.

Es experta, por ejemplo, en migrañas, mal que padece desde que tiene memoria y sobre el cual ha investigado, fusionando neurociencia, psicoanálisis y su propia experiencia, en su libro La mujer temblorosa. Ahora sabe que no tiene cura, que es cuestión de acomodarse. Un café con leche amargo no le hace daño. Más, podría ser el pasaje a una pesadilla.

Antes que eso empezó por la poesía, pero no se sintió a la altura y pasó a la prosa con dos novelas tangencialmente autobiográficas donde todavía arañaba una voz propia. Fue con Todo cuanto amé, el melodrama de casi quinientas páginas, que la dejó llorando –a ella y a sus lectores– que pudo desplegar sus conocimientos sobre arte, su fina visión de los vínculos humanos. Hustvedt está fascinada por la filosofía, la teoría francesa y la neurobiología. Estudia cada campo hasta que le encuentra su falla: a la ciencia, las emociones; a la lingüística, el cuerpo.
Es una norteamericana atípica: quiere construir su tradición del otro lado del océano y sólo nombra a franceses y alemanes. Agradece expresamente que su interlocutor haya leído a su admirado Merleau-Ponty. Debe estar cansada de que le pregunten cómo es estar casada con un best-séller tan buen mozo. Su percepción está con Husserl, va más allá del aquí y ahora, y se esfuerza por vencer su imagen de belleza nórdica.

¿Dónde se originan las historias?
-Creo en una conexión muy fuerte entre el cuerpo y la escritura. Desde hace ya muchos años tengo un interés muy grande en la neurobiología. Hace poco rescaté una frase que escribí en un paper en 1995. Esa frase, que ahora retomo, decía algo así como que escribir ficción es recordar algo que nunca sucedió. Cuando la escribí por primera vez, en aquel ensayo, que originalmente era sobre la memoria, las imágenes visuales y Cicerón, esa idea fue algo que me surgió de manera casi intuitiva. Desde entonces, vengo trabajando e investigando en el terreno de la neurobiología. Y ahora puedo afirmar como una verdad científica que recordar e imaginar son dos aspectos de una misma facultad –el recuerdo consciente, no el inconsciente. Soy muy interdisciplinaria, siempre me manejo entre la neurociencia y el psicoanálisis. En un ensayo más reciente investigo esos dos aspectos y las experiencias creativas de distintas personas como matemáticos, artistas o físicos. Creo que el acto creativo es siempre el mismo. Es cuando los productos de esos procesos salen al mundo y son vistos como diferentes, pero los procesos son iguales. Y en ese proceso hay algo del orden de lo no lingüístico.

Estaba pensando en la idea de Freud sobre el sueño como aquello que le roba a lo que nos roba el olvido. Y me preguntaba si lo que describe como su proceso creativo no sería similar al mecanismo del sueño.
-Hace poco estuve en Viena, y fui la segunda no doctora en dar la conferencia anual en la Fundación Freud. La única otra persona no psicoanalista que había dado la conferencia fue el genial cineasta italiano Bernardo Bertolucci. Se trata de una conferencia anual que se da desde 1970. Mi conferencia se tituló "El parque de diversiones de Freud". [Freud's Playground: Some Thoughts on the Art and Science of Subjectivity and Intersubjectivity]. Es un trabajo sobre la transferencia. Hay un pasaje de un escrito de Freud sobre la técnica donde, en la traducción al inglés, la transferencia es llamada "playground" [parque de diversiones]. Lo que Freud señala que ese es el espacio en el que, cuando la transferencia ocurre, los impulsos pueden experimentar una libertad total. Pero en alemán el término es Tummelplatz: una palabra que puede ser traducida como zona de juegos, pero también como otras cosas. No necesariamente tiene que haber niños. Puede significar también "caldo de cultivo", o algo más cercano a "zona de batalla". Es más complejo. Hacia el final de esa charla se habló del sueño y de un cierto desorden de la vigilia llamado confabulación. En la confabulación, los pacientes crean historias, no están mintiendo, sino que crean historias. Pueden explicar, por ejemplo, las razones por las cuales se encuentran en el lugar en el que están –como el hospital psiquiátrico–, y muchas veces, como en los sueños, hay allí una falta del principio de realidad. Yo creo que escribir ficción es muy parecido a un sueño consciente. Uno está despierto pero lo que pasa al escribir ficción es que uno está generando historias desde lugares muy profundos. Y algunos desplazamientos y enrarecimientos que ocurren en los sueños también tienen lugar en el acto de escritura. A veces más tarde te podés dar cuenta de que algún rasgo de un personaje corresponde a una mujer que conociste que tiene también otro rasgo de otra persona que también conociste. Sólo que en los sueños esto sucede de manera más emocional. Cuando uno duerme la actividad es enorme.

En un pasaje de su segunda novela, "Hechizo de una mujer", un personaje, Martin, dice "las palabras son fraudes (...) están ahí en lugar de otra cosa. Pero pueden ser empujadas hacia lo real".
-De alguna manera, muchos de mis libros están lidiando con esas cuestiones, sobre lo imaginario, sobre lo real, no necesariamente en el senido lacaniano, aunque confieso que sí estaba pensando en Lacan. Yo estudié en los '70, realicé mi doctorado en literatura inglesa en Columbia a fines de la década, y en esa época había un auge todal de la teoría francesa. Me acuerdo de una librería pequeña que había en una esquina, un librería muy popular en esa época que todos los estudiantes frecuentábamos y que ya no está. Cuando llegó a la librería De la gramatología, de [Jacques] Derrida, pusieron un cartel gigante y el libro se agotó en dos horas. Yo estaba muy inmersa en esa corriente, pero en medio de mis lecturas sentía que faltaba algo. Y lo que sentía que se estaba perdiendo en medio del giro lingüístico era el cuerpo. Era muy simple: la parte psico-biológica de todo esto. Entonces empecé a estudiarlo. No tenía la menor idea. Pero resultó muy interesante. Y cuanto más uno conoce, más puede realizar una crítica. Entonces ahora, después de haber estudiado tanta neurociencia puedo ver cada vez mejor las falencias del modelo cientificista. Desde que publiqué La mujer temblorosa (La mujer temblorosa o la historia de mis nervios, Anagrama, 2010), y aunque vengo del campo de las humanidades, he tenido la oportunidad de participar en conferencias y de conocer nuevos estudios. Y ellos, los científicos, parecen encantados de escucharme también. Incluso a edad avanzada uno puede encontrarse con cosas nuevas.

¿Cuáles fueron, en ese recorrido de investigación, los descubrimientos que le resultaron más interesantes?
-Especialmente hay un pensador que me interesa mucho, Maurice Merleau-Ponty, el fenomenologista. El tiene esta ida del espacio potencial, la idea de que no estamos limitados al aquí y ahora, que podemos recordarnos y reconocernos en el pasado y proyectarnos hacia el futuro y esa movilidad de la imaginación me fascina. Podemos, además, reconocernos como un otro. Creo que los perros, por ejemplo, no pueden hacerlo. Eso es importante. Es parte de la evolución, es importante reflexionar sobre eso, Hegel habla de eso de manera muy hermosa en Genealogía del espíritu. Es importante pensar en cómo se genera esta autoconciencia. Es una cuestión evolutiva. Es tan extraño que tengamos esa noción tan profunda sobre nosotros mismos. Me interesa mucho la investigación sobre qué es lo que crea esa autoconciencia y qué pasa cuando se crea. Los perros, por ejemplo, no tienen esa capacidad. Sí la tienen los elefantes, que son capaces de reconocerse como otro en el espejo. Estuve reflexionando mucho sobre esa relación entre las emociones humanas y las animales. Los perros tienen una realidad emocional muy profunda. Mi perro Jack se convirtió en parte de mis estudios de laboratorio. Jack es un perro de la calle que trajeron a casa mi marido y mi hija. Viene de un ambiente de maltrato y de drogas. Por supuesto, él no es un ex adicto [risas], pero sí sufrió el maltrato y el abandono. Jack reconoce los lugares muy profundamente, los reconoce de una manera en que los humanos no podemos ni soñar con hacerlo, a travez de su hocico. Solíamos llevarlo a lo de mis padres para Navidad y él absorbía todo con su hocico, captaba toda la realidad de su alrededor. La diferencia es que cuando lo llevábamos de vuelta a casa no creo que Jack se recostara en el piso y soñara con cómo habían sido las cosas allá en Minnesota. Y tampoco creo que se imaginara a sí mismo retornando allí. Pero la realidad efectiva, la realidad emocional del apego, el cariño y las emociones, puede sentirlas.

Cuando los dueños dejan la casa, el perro ladra desesperado porque no sabe que sus dueños van a regresar. Una mujer cuando es dejada por el marido, con plena conciencia del pasado y el futuro, o simplemente frente a la incertidumbre de no saber si el marido va a regresar, puede perder la cordura, como el personaje de Mia en su última novela The Summer Whithout Men, todavía no publicada en español
-Nosotros podemos anticipar el futuro y hacernos trizas. Mi personaje, Mia, cuyo marido la abandona de golpe, efectivamente entra en un estado de locura temporal. La idea surgió de mi entorno. Mi marido y yo tenemos muchos amigos que están cansados desde hace varios años y de pronto y sin aviso previo –o al menos así se siente, como algo que sucede sin anticipo, de la nada, sin preparación, como en esa antigua leyenda del marido que sale a comprar cigarrillos y nunca regresa– el marido abandona a la esposa. Durante estos últimos años hemos acumulado alrededor nuestro muchas historias similares. Me parece una premisa fascinante. En esta novela escencialmente hay dos maneras de que las cosas mejoren para ella, para Mia, la protagonista. Una es el apego a otras personas, algo muy de los mamíferos, algo muy corporal, muy primario. Y otra es la imaginación. Nos salvamos a través de la imaginación, el humor, la ironía, el ingenio. Nos contamos múltilples historias sobre el mismo evento, y hay algo salvador en eso.

Parece haber un interés por la enfermedad, y especialmente por la enfermedad mental en su obra.
-Es cierto. Estuve enseñando literatura en un centro psiquiátrico por dos años, fue una experiencia muy interesante. Y lo que entendí de los pacientes con depresión severa es que eso es lo peor, porque no están enojados, no están enojados para nada, no hay movimiento en eso, no hay posibilidad de cambio en eso. Y el enojo es un tipo de movimiento, hay una esperanza de que las cosas van a cambiar, uno va a estar furioso hasta cambiar aquello que le molesta. Por supuesto, no se puede estar enojado para siempre, porque se vuelve inútil. Pero en ese sentido, el enojo de Mia es al mismo tiempo su motor, y Abigail es un personaje que también secretamente está luchando.

Hay, creo, una trama subterránea en la historia, como en el tapiz de Abigail, en el que se puede ver una escena algo ingenua, inocua y apacible, pero si se mira con detenimiento se descubren situaciones siniestras y extrañas.
-Esa es una verdadera metáfora que subyace en la novela. Si se desabotona la superficie podemos encontrar una especie de subterráneo cruel o sádico. Abigail está llena de ira, algo que no está completamentamente oculto, porque ella es un personaje bastante rudo. Pero eso constituye una parte muy importante de este libro, algo que aparezca de manera metafórica, detrás de las palabras: el tema del enojo. Mia, la protagonista, también está muy enojada. Y como decía antes, a menudo pienso que el verdadero enojo es siempre un signo de esperanza. Disfruté mucho escribiendo The Summer Without Men. Mi marido llegaba a casa y me encontraba en mi escritorio riéndome sola. No con todos los libros pasa lo mismo. Cuando terminé de escribir Todo cuanto amé, me pasé dos semanas tirada en el piso llorando. Creo que cada libro toma distintas partes de una geografía interna y uno se mueve con eso. Ahora estoy escribiendo un libro más extenso, que tiene distintos narradores en primera persona, y cada vez que cambio de narrador tengo que ajustarme a ese personaje. Es como estar sufriendo un trastorno de personalidad múltiple [risas].

Leí que se toma bastante tiempo para pensar en sus proyectos antes de encararlos.
-Aunque el cambio de voces implica mucho trabajo, con esta nueva novela ya voy casi por la mitad. Ahora que soy más grande avanzo más rápido en la escritura. Esas son las ventajas de ser vieja [risas otra vez]. La edad también me ayuda a poder tomar experiencias biográficas con la distancia suficiente para a veces ni siquiera recordar que sucedieron. Me he quitado de encima buena parte de la ansiedad que tenía. Uno quiere estar haciendo algo nuevo todo el tiempo, pero hay cosas que son las propias obsesiones que continúan volviendo una y otra vez. El año que viene, además, saldrá publicado un libro que reúne los ensayos que escribí desde 2005. Son casi trescientas páginas.

Además del amor y la locura, uno de los temas que parece obsesionarla es el sufrimiento que pasa de una generación a otra. ¿Cuál cree que será en ese sentido su herencia?
-De una generación a otra se hereda lo no dicho, lo que ha sido silenciado, y pasa como sufrimiento. Ese es el caso de muchas de las víctimas del Holocausto, porque les resulta tan difícil hablar de lo que les pasó. Una vez que las personas empezamos a contar historias en vez de eso no contado, eso ayuda. Puede que sea optimista. Pero eso es lo que pienso.

¿Cómo definiría el estado actual de la literatura norteamericana? ¿Persiste allí una división –en el mercado, en la crítica, en el mundo editorial– entre lo que escriben hombres y mujeres?
-EE.UU. es un lugar artísticamente muy desordenado, pero es un desorden muy bueno. Hay escritores muy diferentes. Muchas cosas distintas, y pocas escuelas. El clima editorial es bastante pobre, se publican cosas muy malas, pero también un montón de libros interesantes. Últimamente leí Thera de una autora israleí llamada Zeruya Shalev. Leo mucha ciencia filosófica y novelas para cortar, porque las novelas son un descanso. Es tan maravilloso sentarse y leer sobre la singularidad de una experiencia humana en vez de los modelos teóricos que tratan de capturar lo que inevitablemente se les escapa. La lucha de las mujeres continúa. Lamento decirlo, pero la idea del patrimonio en la literatura (como un chiste entre patriarcado y patrimonio) sigue ahí, y es un terreno que aún no ha sido del todo conquistado.

13.9.11

Valenzuela: "La novela es estar en otro mundo"

Los libros y la literatura hacen parte del ADN de la escritora argentina Luisa Valenzuela, incluso, desde antes de nacer
Luisa Valenzuela ha sido profesora de las universidades de Nueva York y Columbia (EE. UU.).foto:Andrea Moreno.fuente:vive.in

Su madre fue Luisa Mercedes Levinson (1904-1988), también conocida por el seudónimo de 'Lisa Lenson', coautora de 'La hermana Eloísa', único cuento que Jorge Luis Borges creó a cuatro manos con una escritora.

Luisa Valenzuela (1938) creció en ese mundo en el que eran habituales los encuentros literarios a los cuales se daban cita, junto con Borges, otros queridos amigos de su madre, como Ernesto Sábato.

"Yo creo que son todas influencias, por suerte, indirectas, porque en mi generación había muchos escritores que querían escribir como Borges o como Sábato y yo quise separarme de eso, seriamente, porque los tenía demasiado encima", comenta la autora, quien estuvo esta semana en Bogotá, participando en el encuentro literario 'Las líneas de su mano', organizado por el Gimnasio Moderno.

¿Qué es escribir, para usted?

La novela es estar en otro mundo, simultáneamente, mientras estás haciendo tu vida cotidiana. Algo parecido ocurre con la lectura de la que te apropias. Y eso es lo que me interesa a mí con la escritura: permitir que el otro se apropie, no dejar las cosas tan descritas, tan armadas, de tal manera que no le das cabida al otro, es entrar en un diálogo.

¿Qué tanto le ha aportado el ejercicio del periodismo en la ficción literaria?

Me ha aportado y me ha desaportado, como suele suceder. Me aportó, sobre todo, el don de síntesis, el decir cosas muy breves con mucha información. Después, el periodismo es otra mirada a la forma de narrar.

¿Alguna vez recuperó, en ediciones posteriores, la escena de tortura que le obligaron a suprimir de su libro 'Como en la guerra', durante la dictadura?

Sí. Esa época de la dictadura fueron momentos atroces, que se sabían, pero que se diluían, porque -de todos modos- la vida seguía; sabíamos de las desapariciones, sabíamos del horror, pero había como una negación freudiana. 'Cambio en la guerra' fue anterior a la dictadura, pero, cuando salió el libro, llegó la dictadura militar, y esas dos paginitas, a las que consideraron peligrosas, las quitaron. Y claro, es otra la lectura de la novela, cuando se recuperan.

Usted ha sido una viajera incansable y su novela 'El mañana' reflexiona un poco sobre eso...

En los viajes, no solo uno circula por el mundo, sino que el mundo circula por uno y despierta otros viajes interiores. Son vías de acceso al conocimiento, que nos permiten ir encontrando filones de comprensión; y creo que, finalmente, para eso escribo, para tratar de entender.

¿Qué perspectiva da la distancia?

La distancia te permite ver por ahí los claroscuros mejor: cuando estás en el lugar, ves las cosas acordes con tu sensación del momento, las ves todas claras o todas oscuras, según el caso. En cambio, cuando estás lejos, empiezas a ver las sutiles sombras, y a mí me interesan mucho esos mundos que se transparentan. Yo nunca sé exactamente a dónde van mis novelas, y en ese sentido son un viaje, también, sin una meta precisa.

¿Cree que ha habido algún relevo generacional de narradoras?

Sin duda. Lo que pasa es que ya no tenemos tanto la distinción de escritura femenina. Nosotros tuvimos que luchar hasta imponernos. En los años sesenta, setenta, se trabajó mucho para que se oyera la voz de la mujer. Después, se pusieron de moda algunas escritoras, quizás menos complejas que las otras y, entonces, se comenzó a tener más en cuenta la escritura femenina. Ahora, ya por suerte, llegamos a lo que aspirábamos, que era formar parte de un todo, que es la literatura. Yo creo que la mujer escribe desde otros lugares, pero formamos parte de un corpus literario generalizado, pero sí hay escritoras jóvenes, por lo menos en Argentina, muy buenas.

¿Cómo ve a la Argentina actual?

Creo que estamos viendo varios cambios de paradigmas en la política mundial y en Argentina se ha hecho una cantidad de movidas muy interesantes, como lo que está pasando con los derechos humanos y con las mejoras en educación. Me parece muy valioso lo que está ocurriendo, y me siento muy contenta de estar en la Argentina ahora.

Una fascinación por el microrrelato

¿Qué encanto tiene el microrrelato, al que usted siempre regresa siempre?

Curioso, porque empecé con eso cuando no existía; ahora, hay toda una teorización. El microrrelato, esa condensación del lenguaje que a mí me fascina, esa posibilidad de decir tanto con pocas palabras, que es un desafío; por eso me gusta tanto el cuento, también. Claro que el microrrelato es más un juego, pero después encuentras esa 'cosita' en la palabra, que te traslada a otro lugar. Se mueve en esa línea de la poesía, porque toca con el poema en prosa, pero lo que pasa es que el poema permite una indefinición, mientras el microrrelato tiene que contar algo. El microrrelato más breve del mundo es uno de Guillermo Samperio, llamado 'El fantasma', que es una página en blanco.

¿Por qué le gusta coleccionar máscaras?

Pues, fíjate que ahora me pones a pensar en una cosa: la máscara es un microrrelato perfecto, porque cuenta toda una historia en ese espacio reducido y remite a todo un mundo y a un ritual. Me encantan, porque es una obra de arte para ser usada, que está viva cuando te la pones. En mi estudio tengo del carnaval de Barranquilla, de Sibundoy, de México, de Camboya, de China, de Java, de Bali, del carnaval de Basilea, de Venecia.

12.9.11

El lenguaje como frontera

"La gran dificultad del trabajo poético es construir un mundo", dice este escritor mexicano que con dos novelas ha logrado una voz singular donde conjuga narcos, inmigración y belleza

Yuri Herrera, escritor mexicano, autor de Los trabajos del reino. foto.fuente: Revista Ñ

Siempre hay un mito de origen. Y el de Yuri Herrera es un cuento que escribió sobre el lunar que tenía un maestro de la escuela primaria. Un lunar que por las noches escapaba de esa cara y cometía crímenes por la ciudad. "En esos momentos sospechaba que inventar historias servía para varias cosas: entretenerse, burlarse, tratar de hablar de un mundo mucho más amplio del que uno alcanza a transitar diariamente", dice ahora este escritor mexicano que, con solo dos novelas, ha conseguido transitar los bordes de ese abismo en el que se convierte el lenguaje. Porque la manera que tiene Herrera de nombrar el mundo convoca a un extrañamiento.

Su primera novela, publicada originalmente en 2004, fue Trabajos del reino, cuyo protagonista es un cantor de narcocorridos que encuentra en el Rey (es decir en el Jefe Narco) su única posibilidad de una existencia digna y de transmutarse en el Artista. La segunda, Señales que precederán al fin del mundo, de 2009, es más radical: narra el viaje iniciático de Makina, una chica de un pueblo fronterizo que sale en busca de un hermano que nunca regresó a casa. ¿Pero ella está viva? ¿Está muerta? ¿Existe? Los mundos que construye Yuri Herrera consiguen los rasgos de la fábula. Son territorios del misterio, de la pesadilla. Y, encima, extremadamente reales.

Siendo originario de Valle del Mezquital, una zona semidesértica del Estado de Hidalgo, en algún momento dijo que siempre intentó escribir sobre la belleza de lo árido. ¿Podría definir esa belleza?
Si es cierta esa frase de Lezama Lima de que el paisaje crea cultura, algunas de aquellas historias surgieron directamente de cómo percibía el Mezquital. Un lugar duro, sin exuberancia, de una belleza trabajosa que exige atención y tiempo para advertir el resplandor de la tierra árida.

La situación política y social de su país es una obsesión en su obra, ¿intenta a veces esquivar esas obsesiones que parecen imponerse?
No esquivar, pero sí procesarlas, intento no caer en la mera reacción o rabia, y tratar siempre de entender esa "situación" en la escala humana. Otras obsesiones, supongo que imposible desligarlas de aquellas: las relaciones amorosas, el acto creativo, y el poder de los pequeños odios, como pueden crecer e incubar tragedias.

En el FILBA participará en una mesa sobre "Primeras novelas-Grandes disturbios". ¿Cuál fue el disturbio que le ocasionó "Trabajos del reino"?
Es un libro que me ha cambiado muchas cosas, pero no sé si haya sido un disturbio súbito. Ha ido ganando lectores lentamente. Su publicación me dio cierta sensación de seguridad, me ayudó a creer que había podido dar el salto de la escritura como una actividad casi íntima a dialogar con los lectores, pero lo publiqué después de los 30 años, llevaba mucho tiempo escribiendo, así es que no fue algo escandaloso. Su recepción pública tiene que ver en parte con las limitaciones y virtudes de la novela, pero también con el hecho de que ciertos temas que están ahí se han convertido en los temas centrales de nuestra vida política y social. Más que causar un disturbio, puede que se haya convertido en otra pequeña lente para mirar nuestros disturbios nacionales.

En "Señales que precederán al fin del mundo", el trabajo sobre el territorio de la frontera y sus problemáticas es central y a la vez subterráneo.
Creo que en Trabajos del reino estaba más claramente la frontera. Espacial y temporalmente. Es más explícito. Pero esta última novela es más fronteriza en un sentido epistemológico. En realidad hay un sólo capítulo que sucede en la frontera. Al principio es un movimiento hasta la frontera y después cuando la cruza y lo que ocurre del otro lado. Sin embargo podría decir que este texto es más fronterizo. Una frontera que no tiene que ver sólo con los límites geográficos o políticos. El de Makina es un personaje fronterizo. Ella es una traductora de lenguas, de realidades. Está en la frontera de distintos tipos de sujetos. Y al moverse transforma su identidad. Conforme está viajando, su identidad, que ya es inestable, se modifica. La frontera es un espacio lábil, es un espacio de intercambio donde se está gestando otro universo.

¿Y en relación al lenguaje?
En lo fronterizo, además, hay una reflexión sobre el lenguaje. Por un lado es producto de una realidad cambiante. Y el lenguaje, al nombrarla, está haciendo que esa realidad cambie. La novela plantea el lenguaje como frontera.

Hay una sensación de irrealidad permanente en la novela.
Me gusta que eso esté, pero si te respondo esta pregunta debería revelar alguna de mis estrategias. Hay algo de eso que decís sobre lo onírico, el extrañamiento. La novela permite dos lecturas: una más llana, que es el viaje de una mujer en busca de una persona querida que descubre un mundo. Y otra, que es el viaje de un muerto que no sabe que está muerto. La estructura narrativa es la del descenso al Ixtlan en la cultura Mexicali. Es la mitología de una cultura que algunos se confunden y dicen que es la azteca, pero no. Cierto es que no hay sólo una versión de esa mitología. Yo tomé una versión de esta narrativa y tomé los nueve pasos en este descenso al inframundo. Pero para entenderla el lector no necesita estar enterado de todo esto. De todas maneras, y tal como lo comentás, en este nivel de lectura el personaje también pone en duda la estabilidad de la realidad.

¿Podría pensarse que es una novela sobre la problemática de la inmigración?
Siempre traté de evadir algunas palabras que se han convertido en clichés. En mi anterior novela hablaba de droga, narcocorridos, Ciudad Juárez, pero en ningún momento se mencionaban estas palabras. Esta fue mi preocupación. Fue mi condición de migrante privilegiado lo que me impulsó a pensar sobre estos temas. Creo que una de las funciones de la literatura es darle más volumen a los fenómenos, no someterlos al "achaque" de la realidad. A partir del discurso del poder estamos siendo bombardeados por un lenguaje que simplifica todo el asunto. Pero de ese modo estamos limitando las posibilidades de la historia. La migración es la gran experiencia de nuestro tiempo. Cambian los países, las lenguas: viajar se ha convertido en un recurso ineludible para rehacerse. La migración define nuestra época.

Incluso plantea la analogía entre poeta y el migrante.
Un personaje que está migrando, somete su identidad a un cambio. Eso tiene que ver con el trabajo poético: encontrar maneras originales de hablar sobre el mundo. Para señalar una característica, la mirada del migrante es compartida con la del poeta. Ambos súbitamente están a la intemperie. La gran dificultad del trabajo poético es construir un mundo. Es dar un paso al vacío. Porque no se está preparado para ese mundo.

Y en relación a esto, el personaje de Makina también parece, al principio, que da un paso al vacío que la lleva a la muerte.
Es un paso al vacío que no se puede prever. Al escribir no puedo tener todo claro hasta que efectivamente empiezo.

¿Y al final del trabajo, uno tiene claro lo que escribió?
Cuando uno le pone el punto final siente que sabe lo que hizo cuando tiene la certeza del trabajo bien hecho. Esa es una gran experiencia. Pero siempre digo que los libros son objetos maleables. Cambian de significado y de intensidad dependiendo el lector. Yo no los vuelvo a leer. Tengo una superstición: si leo mi obra una vez escrita siento que quedaré rehén de lo que ya he hecho.

9.9.11

Por qué contar historias

Luisa Valenzuela estará en un encuentro con el público, en el marco de Las líneas de su mano, hoy, 11,30 am; Biblioteca de Los Fundadores del Gimnasio Moderno
Luisa Valenzuela, escritora argentina, autora de Trilogia de los bajos fondos foto.fuente:adncultura.com

Siri Hustvedt y Luisa Valenzuela dialogan sobre la ficción, sus novelas y la elección de temas. Aquí, ambas tiene sus argumentos

Valenzuela: "La escritura y el cuerpo" es el título que elegimos para un diálogo público. Pienso, entonces, en aquello que se pone en marcha cuando creamos historias. Con las diferencias culturales que nos separan, vos y yo tenemos algo en común: creemos que ambos términos están intrínsecamente ligados. Mi última novela, El Mañana, guarda íntima relación con el tema. Y tu libro La mujer temblorosa o la historia de mis nervios es un valiente intento de comprender las respuestas somáticas a la imaginación. Además, circunstancias muy distintas pero equivalentes nos llevaron a explorar el sitio donde neurología y creatividad se dan la mano.

Hustvedt: La idea largamente sostenida de la separación entre cuerpo y mente aún está entre nosotros. Solemos pensar en la psicología como algo separado de la fisiología. Sin embargo, pensar, recordar y fantasear son procesos fisiológicos, y la neurociencia está develando lo que los científicos llaman los "correlatos neuronales" entre ambos.

Mientras el debate sobre el soma y la psiquis continúa, mi pregunta sobre escribir ficción es la siguiente: ¿por qué contar una historia y no otra? En teoría, una escritora puede contar cualquier historia, pero no lo hace. Y sabe cuándo una historia "está bien" o "está mal". ¿De dónde salen estas historias? ¿De dónde su valorización? Aunque no hay trabajo de ficción sin conciencia de sí y sin lenguaje, los orígenes de la ficción son inconscientes. La ficción comienza en la música del cuerpo, que es prerreflexiva, emocional y de sensaciones motrices. Escribir se hace imposible sin ritmo, sin tono ni sentimiento. Estos hondos ritmos afectivos se establecen muy temprano en la vida por medio de nuestra relación sin palabras con los otros, para luego evolucionar a una forma lingüística, pero esa realidad subyacente, fuera del lenguaje, no desaparece. La raíz de las historias es no lingüística, corpórea, emocional.

Valenzuela: Yo también sospecho de las dicotomías del mundo occidental. Para eso estamos, escritoras y escritores, para sortear la brecha entre mente y cuerpo. Por mi parte, lo que me conmueve y me mueve es el lenguaje, lo que la palabra dice y lo que calla. El cuerpo como cuerpo textual, la sustancia gozante según los psicólogos. Lo percibo cuando al estar escribiendo surge una frase feliz, un vocablo doble faz que me lleva a un sitio inesperado de la narración.

De ahí a tu muy buena pregunta: ¿dónde se originan las historias? Alguna vez dijiste que "escribir ficción es como recordar algo que nunca ocurrió". Certera forma de acercamiento al misterio de la creatividad. Comprendo que tu punto de partida sean las emociones y los sentimientos, pero no es el mío. O lo es, pero de forma subliminal. Mi trampolín es, a veces, cierta pregunta precisa. Casi siempre es una frase que surge de la nada, o unas palabras escuchadas al azar. Cuando esta frágil base me resuena, siento que puedo empezar a tirar de la cuerda y, con suerte, una historia completa habrá de desarrollarse. Mi primera novela la escribí viendo imágenes. En cambio, ahora sólo oigo voces.

Siendo el lenguaje la morada del ser, a decir de Heidegger, me fascina explorar sus más profundos vericuetos, sus sótanos oscuros. Por lo cual las historias que elijo contar -o me eligen a mí para ser contadas- parecerían venir de ninguna parte, de la nada. Pero en esa nada, en esa ninguna parte, parecerían haber tomado ya su forma bien precisa. ¿Será lo preverbal que se hace verbo? Pienso en Rudiger Safranski cuando dice: "En el interior del arte hay un rumor misterioso que amenaza al arte mismo. El misterio procede de la imaginación, que es una creación de la nada". A lo que Clarice Lispector podría agregar: "De esa nada extraigo sangre".

Hustvedt: Estoy de acuerdo con que la experiencia de escritura podría percibirse como si viniera de la nada. Hay libros que parecen haberse escrito solos. Blake alguna vez sintió que le estaban dictando. Pero si una toma la psicología en serio, y yo lo hago, entonces es imposible concluir con nada. El lenguaje está allí antes de nuestra llegada; está fuera de nosotros. Lacan dijo que nacemos dentro de él aunque más no sea por obra y gracia del nombre propio. Una vez adquirido, el lenguaje también está dentro de nosotros y las palabras son capaces de cruzar las fronteras del cuerpo.

Sin embargo, las habilidades lingüísticas pueden verse gravemente alteradas por daños cerebrales que dan por resultado las diversas pérdidas en las afasias. Hay pacientes con daño cerebral que no pueden leer, pero sí escribir. Algunos pacientes con epilepsia en el lóbulo temporal sienten una compulsión por escribir continuamente, y tanto pacientes psicóticos como maníacos pueden exhibir una deslumbrante creatividad verbal.

Un texto puede empezar con una palabra o frase, pero para mí también puede empezar con una imagen mental. Mi marido dice que para él un libro empieza con una cadencia o un tono, sin palabras. Albert Einstein decía que su trabajo no provenía de signos, que era visual, muscular, emocional. Sólo más tarde lo traducía a signos. El misterio es cómo una historia o un texto toman forma en esa nada.

La facultad de la imaginación no puede ser separada de la memoria. Y la memoria consciente no es un depósito fijo en la mente, sino una realidad móvil. Los neurocientíficos han llegado a comprender que la emoción consolida la memoria, y yo estoy convencida de que tiene un papel crucial en mi pregunta anterior: ¿por qué una historia y no otra? ¿Por qué razón esta historia en particular te está esperando? Creo que es porque está ligada a tu propia historia, que incluye los libros que has leído, la gente que has conocido, aquello que recuerdas y lo que no recuerdas, y tu necesidad de contarle la historia a un tercero. No hay un lenguaje privado. Todo "yo" debe tener un "tú".

Valenzuela: Claro, incluir al otro y al omnipresente Otro lacaniano, esa agua en la que nadamos todos. Yo también tomo en serio la psicología: soy de Buenos Aires, capital mundial del psicoanálisis, y por supuesto entiendo que el lenguaje nos espera a nuestra llegada, ¿pero desde dónde? En "La instancia de la letra en el inconsciente", Lacan habla del abismo abierto al pensamiento, gracias al cual el pensamiento puede hacerse oír. La nada a la que me refiero está preñada de sentido, y he allí la dicha que se siente al sumergirse en el lenguaje: la esperanza de derivar sentido de este caos. Es el misterio que menciona la Cábala, o "lo irreductible" de Freud. "El hombre es hablado por el lenguaje", según Heidegger. Siento que al escribir ficción avanzamos a ciegas tratando de alcanzar el borde de lo inefable.

Vos nos proponés varias y ricas vías para tratar de alcanzar esa comprensión. Tu trabajo con neurocientíficos es fascinante. Pero los científicos, que merecen todo mi respeto, buscan respuestas. Los artistas se solazan en las preguntas.

Son fascinantes también las distintas maneras en que la gente de letras aborda la ficción. Cortázar, por ejemplo, dijo que cuando percibía el comienzo de un cuento debía correr a la máquina y escribir "como quien se saca de encima una alimaña".

Por otra parte, el tema de la memoria refiere quizás a la noción de conciencia. ¿La conciencia está en el cableado del cerebro, como afirma, entre otros, Antonio Damasio, o es algo intersubjetivo que nos atraviesa, como sostienen Matthieu Ricard y el budismo tibetano? Dios está en la mente, quizá, ¿pero dónde está la mente? O el alma. Yo creo que el alma está en el cuerpo.

Hustvedt: Desconozco el secreto de la conciencia, pero sé que la mía está corporizada. Para Merleau-Ponty el mundo nos llega a través del lugar que ocupa nuestro cuerpo. Yo me conecto con el mundo a través de mi cuerpo. La personalidad, o el ser, es más que nuestra conciencia y que las historias que nos inventamos en memorias autobiográficas o de ficción. Es también algo hecho de memorias inconscientes y de percepciones. Está hecha de gestos y movimientos y sentimientos relacionados con el mundo. El poeta estadounidense George Oppen dijo cierta vez: "Un poema no está hecho de palabras". Es esta precisa paradoja la que estoy tratando de elucidar. Los seres humanos somos los únicos animales que cuentan historias, los únicos que se recuerdan como personajes del pasado y se imaginan como habitantes del futuro. Percibimos el tiempo de una manera especial. Pero la escritura de ficción emerge de aquello que no sabemos, suspensiones del ser que llamaste lo inefable.

El diálogo entre Hustvedt y Valenzuela fue coordinado por Silvia Hopenhayn y se realizó en el auditorio de la Fundación OSDE, Leandro N. Alem 1067, 2° subsuelo, el jueves a las 18.son apartes previos.

7.9.11

Márkaris: "Grecia es un paraíso para un escritor de novela negra"

"Los jóvenes interesados en escribir deberían leerlo todo, sin excepciones ni criterio; ya tendrán ocasión de seleccionar, más adelante"
Petros Markaris, escritor griego de novela negrocriminal, creador del detective Jaritos, habla de él y su oficio de escritor.foto: Nacho Calonge fuente:aviondepapel.tv

Petros Márkaris es un escritor tardío de novela negra. Descubrió este talento en mitad de una crisis existencial de su trabajo como guionista de televisión. Su personaje más famoso, el detective Jaritos, es una de las voces más críticas contra la clase política helena y europea. Apasionado de la fotografía, construye sus novelas a partir de imágenes y visualiza a sus personajes, como si fuesen parte de su familia, sentados en su casa, en su mesa. Lector ávido, recomienda a los jóvenes escritores que lean todo lo que caiga en sus manos, que ya tendrán tiempo más adelante de seleccionar sus lecturas.

Dice que siempre encuentra inspiración en las imágenes, ¿nos puede contar cuál es su proceso creativo?

No soy un escritor que trabaje con mucha planificación, no necesito mucha información para comenzar a escribir una historia. Voy capítulo a capítulo, no sé qué ocurrirá luego. Para empezar a escribir necesito una imagen, siempre es una imagen. Si me pregunta por qué, supongo que será porque fui durante mucho tiempo guionista de televisión y necesito imaginarme la historia para arrancar. Cuando ya tengo esa imagen, no me inquieta la historia porque sé que, a partir de ahí, la encontraré.

¿Surgió su personaje principal, el detective Jaritos, de una de esas imágenes?

Le ví un día a él y, a toda su familia, delante de mi mesa de trabajo. Estaban ahí, como una familia normal de clase media, mirándome. En ese tiempo estaba escribiendo una serie para televisión y estaba muy estresado, porque tenía que entregar un capítulo cada semana. Y me dije: mejor pasa de esta familia y céntrate en lo tuyo. Pero el hombre fue muy persistente, no se quería ir, se quedaba allí todo el día. No me dejaba escribir, no me dejaba trabajar, era una tortura. Después de un mes de tortura me dije: este hombre es un policía o un dentista, no puede ser otra cosa. Una vez encontré que era un policía, ya lo supe todo de él: su nombre, su apellido, el nombre de su mujer y el de su hija, Caterina.

Hay algunos rasgos de Jaritos que son muy suyos.

Bueno, los comentarios sobre la situación social y política son totalmente míos. El modo que mira a Atenas, a la sociedad, es mi punto de vista. Por otra parte, su sitación familiar no tiene nada que ver con la mía. Sí que tiene mucho que ver con la de mis padres, con la familia en la que crecí. De hecho cada vez que mi hija lee una nueva novela mía, me dice que está harta de oír todo el día mis bromas y luego, volver a leerlas, en mis libros.

¿Tiene algún ritual, a la hora de escribir?

Soy muy estricto con mis horarios. Trabajo cada día ocho horas, eso sí independientemente de que tenga algo que escribir o no. Es mi única regla. La inspiración no viene sola, hay que forzarla para que aparezca. Es cuestión de auto disciplina. No es fácil, viviendo en Grecia, con esa buena temperatura y el sol. En Suecia, o llueve o nieva, y te quedas en casa. En el Sur, es díficil.

Muchos escritores creen que las series suponen una limitación a la hora de escribir, ¿qué opina usted?

Sí, las series suponen algunas limitaciones. Por una parte, si tienes un personaje fijo, está la ventaja de que le conoces de antemano. No es sencillo crear un protagonista cada vez. La desventaja es darse cuenta de cuándo un personaje está agotado. El ejemplo más claro es Arthur Conan Doyle, con Sherlock Holmes, que mató a su personaje y tuvo que recuperarlo.

En su caso, ¿sigue con Jaritos en su nuevo libro?

Sí, estoy escribiendo una trilogía con Jaritos como protagonista. Y también tengo prevista una nueva novela. Todo a la vez. Teniendo en cuenta que no planifico mis historias, es un gran avance para mí tener esa proyección de mi trabajo, tan definida. Así que sí, Jaritos sigue, al menos, en mis próximos cuatro libros. Después, ya se verá.

Hablando de Suecia. ¿Por qué cree que hay ese boom de la novela negra?

Este boom empezó a mitad de los 80. Hay 2 razones, la primera fue el asesinato de Olof Palme en 1986. Dos años más tarde apareció la primera novela de Håkan Nesser y en 1990, la primera obra de Henning Mankell. Así que podemos decir que 1986 fue un año crucial. Para el resto de Europa, el año decisivo fue 1989, no sólo por la caída del muro de Berlín y la disolución del sistema soviético, si no porque fue el inicio del crimen organizado, como gran poder económico.

También están gozando de ese boom en su país, ¿o lo siguen considerando como un subgénero, como ha dicho en alguna ocasión?

Pues en Grecia siempre nos llega todo con retraso. Eso sí, somos como los elefantes, podemos ser el animal más lento, pero cuando nos ponemos en movimiento, no hay quien nos pille. Y con el boom de la novela negra ha pasado igual. Llegó tarde, pero lo importante es que la gente enseguida reaccionó y ahora ya somos unos cuantos escritores que cultivamos el género.

El crimen organizado, la inmigración y las grandes corporaciones son temas recurrentes en sus libros.

Sí, soy un gran observador. Creo que es mi principal talento. Intento no involucrarme. No es una regla, porque muchos escritores se involucran en sus historias, yo no. Aunque tengo una gran amistad con Jaritos. Vivo con él todo el año, no importa que esté escribiendo o no, es parte de mi día a día. Por otra parte, puedo tomar distancia con la situacion política y social, porque no soy griego de origen y me resulta más sencillo. La realidad es que actualmente Grecia es un infierno para vivir, pero es un paraíso para un escritor de novela negra, como yo.

Ha comentado a menudo que la clase política actual ejerce de contable.

En Europa podemos escoger los partidos, pero no los políticos, y lo encuentro raro y me enfada. Ya pudo ver cuánta gente participó en las elecciones europeas, muy poca, porque todo el mundo cree que no sirve para nada. Realmente, creo que no son capaces de encontrar soluciones políticas y por eso se centran en la financiera, porque creen que la resolución de una llevará a la solución de la otra, y se equivocan. Es el camino equivocado.

¿Usted cree que los intelectuales tienen que comprometerse?

Bueno, yo soy de una generación que aprendimos a pensar en términos políticos. Ahora bien, creo que nuestra función es reflejar una realidad, no solucionarla.

¿Qué autores leía de joven; cuáles le influyeron más?

Leía todo lo que caía en mis manos, todo. De hecho, cuando mis amigos salían con chicas, yo me quedaba en casa leyendo. No pienso volver a hacerlo nunca, si tengo la oportunidad de vivir una segunda vida. Ahora, me beneficio de ello, lo que perdí de joven, lo estoy recibiendo ahora. Siempre es así en la vida. Los jóvenes interesados en escribir deberían leerlo todo, sin excepciones ni criterio; ya tendrán ocasión de seleccionar, más adelante.

¿Se imagina a su personaje Jaritos en el cine?

Ya tiene experiencia en televisión. Ha protagonizado dos series en Grecia, basadas en mis primeras novelas. No creo que, por ahora, haya una tercera parte, debido a la crisis y al costo de estas producciones, que se realizan en exterior, y necesitan un presupuesto elevado.

¿Cómo fue ver a Jaritos en la televisión?

No encontrará en mis cinco novelas, una descripción de Jaritos, porque quería que cada lector se hiciese su propia imagen. Así que sigo sin querer hacerme una idea definida de él.

Puede contarnos un poco más sobre la novela que está escribiendo.

Es una historia con Jaritos, en la que varios banqueros resultan muertos; no le puedo adelantar más, porque no sé qué va a ocurrir, todavía…

6.9.11

Fuentes: "Seguir escribiendo me da la vida"

El veterano escritor alumbra dos obras radicalmente distintas entre sí, el ensayo La gran novela latinoamericana y la novela Carolina Grau

En una expresiva imagen de Carlos Fuentes. foto:Javier Cotera.fuente:elcultural.es

De blanco impoluto, como el hacendado pudiente que pasea por su cafetal, Carlos Fuentes (Panamá, 1928) se abrocha con coquetería los puños de una camisa de corte impecable al descubrir que ondean sueltos por su propio descuido. Bronceado y sonriente, con el recuerdo del sol caribeño todavía en la piel, el escritor y diplomático aparece cómo un orgulloso padre ante un doble alumbramiento. En este caso el embarazo gemelar ha dado a luz dos obras que Fuentes acaba de publicar en Alfaguara, Carolina Grau (un conjunto de ocho relatos que transitan entre lo real y lo fantástico con el que el autor regresa al relato breve) y La gran novela latinoamericana (un mapa personal en el que Fuentes establece su propio cánon acerca de la literatura hispanoamericana desde la época colonial hasta nuestros días).

"Escribir hace que me sienta muy vivo. Mientras haya lectores que se interesen por lo que les cuento yo seguiré inventando historias", explica el autor mientras aclara que hacía años que no publicaba relatos aunque ése es un género que le interesa mucho. "Carolina Grau -continúa- representa a todas las mujeres que han estado presentes, de una u otra forma, en mi vida; su función narrativa es recordarme a todas aquellas féminas que he olvidado y hacer que me anticipe a las que aún están por llegar. Es una figura esencial que aparece en todos los relatos y encarna a ese personaje femenino que en ocasiones resulta ser una promesa, una sombra, una ilusión o una tabla de salvación".

Y, mientras que la imaginación es el denominador común a esos relatos escritos con una prosa brillante que tan pronto habla de sueños fragmentados como de terribles realidades, en la segunda de sus obras recién publicadas, La gran novela latinoamericana, el protagonista absoluto es el ensayo literario e histórico que reflexiona sobre pasado, presente y futuro. "Éste no es un libro académico -aclara Fuentes-, ni pretende educar o adoctrinar al lector. Se trata de una selección muy personal, con mis amores, mis desamores y mis olvidos deliberados que no pienso desvelar pero que ahí están para que los interpreten los lectores. La novela hispanoamericana de finales del siglo XIX y principios del XX tiene títulos muy mediocres, en su afán por alejarse a cualquier precio de la literatura española y su intención de aproximarse a la novela europea de corte romántico y naturalista. Luego apareció lo que se ha llamado el boom de la literatura latinoamericana, que tuvo como consecuencia un claro efecto boomerang. Y ahora el abanico de la oferta literaria contemporánea es rico, variado e inabarcable por muy curioso que uno sea". Por sus páginas desfilan de modo destacado los grandes novelistas del siglo XX, sobre los que Fuentes realiza una profunda crítica literaria. Desde Juan Rulfo hasta Jorge Luis Borges, y desde Alejo Carpentier hasta Juan Carlos Onetti y Julio Cortázar, sin olvidar a Juan Goytisolo "que es español pero está muy cerca, por pensamiento y estilo literario, a nuestra América Latina, de ahí que lo haya añadido a este volumen".

Confiesa su placer inmenso cuando se sienta a escribir, aunque reconoce ignorar cuáles son los ingredientes clave para que una novela interese al lector. "Los temas y arquetipos literarios son muy viejos y siempre los mismos. Lo que cambia radicalmente es la manera en que el autor se enfrenta a ellos. Y lo que cuenta no es el tema sino la manera de narrar, igual que ocurre en el cine. La literatura es un gran misterio, yo cada noche anoto en un papel las ideas sobre las que trabajaré al día siguiente. Luego me duermo, y al despertarme me pongo a escribir sobre cosas completamente diferentes". Y le augura una larga vida al papel por mucho que sus detractores se empeñen en afirmar que el libro electrónico ganará la batalla: "El libro ha sobrevivido a todo, y también lo hará al libro electrónico. Yo, cómo tantos otros, disfruto de la sensualidad que me transmite un ejemplar bien editado. Me gusta tocar su papel, oler la tinta de sus páginas, acariciar su portada, darle la vuelta entre mis manos para apreciar lo cuidado de su edición... Los libros me dan placer y eso es insustituible e irremplazable por un texto en una pantalla. Además, el libro electrónico no puede leerse en la playa y a mí me encanta estar tumbado perezosamente al sol mientras devoro las páginas de una buena historia".

2.9.11

Ana María Shua opina que leer un libro de microrrelatos de una sentada no es agradable

Aunque la autora reconoce que el microrrelato es un género en el que "cabe todo", a su juicio es más fácil trabajar en él con el humor que con la emoción

Ana María Shua, quien dicta en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander el taller Brevedad, técnica y misterio.foto.fuente:lainformacion.com

La escritora argentina Ana María Shua, especializada en el microrrelato, ha opinado hoy que leer "de una sentada" un libro de este género "no es una experiencia agradable", por tratarse de un tipo de narración que "exige un gran esfuerzo al lector".

Ana María Shua, quien dirige esta semana en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) de Santander el taller de microrrelatos "Brevedad, técnica y misterio", ha considerado que es precisamente ese esfuerzo, que supone para el público la lectura continuada de microrrelatos, lo que hace que nunca se encuentre un libro de este tipo entre los best seller.

Para Shua existe un contraste entre el "enorme auge" de autores de este género y la respuesta que estos obtienen entre la sociedad, ya que sólo hay "algunos lectores" afines a este género.

La escritora argentina, que en 1984 publicó su primer libro de este tipo, "La Sueñera", ha explicado que, según la crítica, microrrelato se define como un texto con algún elemento narrativo que no pase de 25 líneas.

En este sentido, ha opinado que mientras la definición es precisa en cuanto al límite de extensión, no lo es tanto en relación a la otra característica porque, se pregunta, qué se entiende por "narrativo".

"El microrrelato exige la mayor concentración de significado en la mínima cantidad de significante", apunta Shua y enfatiza que el éxito que está teniendo este género en los últimos años se debe tanto a que la crítica le ha concedido su "casillero propio", como a las nuevas tecnologías.

Según Shua, al ser considerado como un género literario los escritores han hallado en el microrrelato un "terreno virgen" para explorar. Y a eso hay que añadir que es un "género ideal" para leer a través de internet.

"Twitter y los teléfonos móviles obligan a producir textos brevísimos y eso tiene consecuencias literarias", enfatiza Shua, y explica que viene de formar parte de un jurado de un concurso de microrrelatos celebrado en Uruguay al que se presentaron 42.000 textos, de los que se seleccionaron 7.000, de ellos "casi 300 de alta calidad literaria".

Aunque la autora reconoce que el microrrelato es un género en el que "cabe todo", a su juicio es más fácil trabajar en él con el humor que con la emoción.

Con más de un millar de microrrelatos escritos, repartidos en cinco libros ("La Sueñera", "Casa de Geishas", "Botánica del caos", "Temporada de fantasmas" y "Cazadores de letras"), Ana María Shua está a punto de publicar, bajo el sello de la editorial su nuevo libro "Fenómenos de Circo" (editorial Páginas de Espma), que añade aproximadamente otros doscientos microrrelatos a su producción.