3.8.10

Taibo II homenajea a Sandokan

En Los tigres de Malasia, su nueva novela, el autor español-mexicano busca cerrar un ajuste de cuentas con uno de sus escritores favoritos: Emilio Salgari

Paco Ignacio Taibo II,escritor español-mexicano, autor de la saga de Héctor Beloascarán Shine.CLARIDAD. "Era un hombre que tenía planteos avanzados y que tenía muy claro que la novela de aventuras gira en torno a la peripecia, la acción, y no a la retórica", dijo Taibo II sobre Salgari.foto.fuente:Revista Ñ

Los legendarios piratas Sandokán y Yáñez de Gomara, inventados por Emilio Salgari, han revivido en la pluma del mexicano Paco Ignacio Taibo II, quien se ha servido de ellos para hacer un homenaje festivo y apasionado al género literario de las novelas de aventuras.

"Yo siempre dije que una buena novela de aventuras se hace con enciclopedias malas y mucha imaginación. Lo importante no son las enciclopedias sino la mucha imaginación", dijo Taibo II.

El también biógrafo de Ernesto "Che" Guevara y de Pancho Villa acaba de publicar la novela Los Tigres de la Malasia (Planeta, 2010), en lo que busca ser un ajuste de cuentas con uno de sus héroes infantiles: el prolífico Salgari (1862-1911), un autor que admira pero que considera demasiado "políticamente correcto".

"Era un hombre que tenía planteos avanzados para su época en las aventuras y sobre todo tenía muy claro que la novela de aventuras gira en torno a la peripecia, la acción, no a la retórica", señala.

Taibo II confiesa que el autor veronés, que dejó un legado de más de 80 libros y un sinfín de relatos, "tenía unas aptitudes inmensas para ser un novelista popular", además de "una vena anticapitalista muy potente", y le considera en cierta medida un visionario.

"Es el primer hombre que tiene personajes femeninos centrales: Capitán Tormenta, Flor de Perlas, que era una rebelde filipina contra la colonia española", recuerda de Salgari, un hombre que llegó a ser ridiculizado en su tiempo y que acabó suicidándose.

El autor mexicano admite que él mismo es una especie de autor "sandokaniano", aludiendo así al espíritu justiciero y libertario que comparte con Sandokán, un príncipe de Borneo también conocido como "El tigre de Malasia".

Con su libro, Taibo II ha revivido al azote de los británicos del siglo XIX en el Öndico, Sandokán y a su fiel compañero, Yáñez de Gomara, un portugués, a quienes vuelve a hacer navegar en "La Mentirosa", su barco. Éste es una especie de pequeña utopía socialista donde todos sus tripulantes trabajan, incluso los náufragos que son rescatados.

Además de a Salgari la novela está llena de guiños a Rudyard Kipling, de viajes por Camboya, Goa (India) y Berlín (Alemania), tráfico de esclavos, fundamentalistas musulmanes, submarinos y banqueros filipinos amigos del poeta de la revolución cubana, José Martí, entre otros delirios literarios.

"Se trata de replantear la novela de aventuras, de revitalizarla", asegura Taibo II, quien dota de enorme fuerza al libro con su mezcolanza, técnicas literarias modernas y malas palabras "que Salgari nunca pudo usar".

Taibo II dice estar satisfecho con una obra que brinda "una revisión más maliciosa del mundo" de la que en su día propuso Salgari.

Para el autor, un personaje como el Sandokán de entonces "no sería pirata de mar" sino algo "más raro", porque la idea romántica que había tras la piratería de antaño hoy está pervertida.

Los confines del mundo son ya conocidos, y las víctimas de los piratas -sobre todo frente a las aguas de Somalia y otros países del este de µfrica- "son marineros inocentes" y los nuevos piratas carecen de poder de fuego "para combatir a los barcos modernos del planeta".

Convencido de que la literatura surge con tiempo y que además exige grandes dosis de imaginación, cree que en su libro ha usado "todos los recursos" del género de aventuras.

"La idea es reivindicar la novela aventuras como un soplo de oxígeno" en un momento de "tiempos muy oscuros", concluye Taibo II.

Finalmente, el también organizador de la Semana Negra de Gijón (España) hizo un balance muy positivo de la última edición celebrada del 9 al 18 de julio, donde hubo más de 850.000 visitantes y unos 150 autores participantes.

"Se puede decir que saltó por encima de la crisis. ­¡Ya la vida nos los cobrará el año que viene!", concluyó.

2.8.10

Escribir para no ser o para ser

"En arte todo se puede aprender y nada o casi nada se puede enseñar", escribió Eduardo Chillida hace ya varios años

El escritor preso por el lenguaje, en la cárcel de la creatividad.foto:archivo.fuente:elpais.com

Peores que estos redactores de mentiras son sus primos más cercanos: los maestros de talleres literarios, esas comadronas especializadas en sacar con fórceps lo que debía sacarse con pujidos, esos caníbales hambrientos que succionan del personaje de su alumno lo único que en verdad era importante: el sudor, la sangre, el músculo y la bilis, esos malabaristas de las horas que cegados por el pago de una próxima visita se vuelven incapaces de aceptar una verdad como un templo: la manera indicada de crear un personaje memorable es fundamentalmente inexplicable. "En arte todo se puede aprender y nada o casi nada se puede enseñar", escribió Eduardo Chillida hace ya varios años.

Por supuesto, no es que sea inexplicable el carácter de un determinado personaje, sus virtudes morales, sus vacíos espirituales o sus carencias vitales, como tampoco resulta inexplicable la estrategia literaria, el tono elegido o las herramientas que se han utilizado para crearlo. Lo que es inexplicable es la gestación del personaje, su emerger en una mente como emergen en la niebla los objetos, el mecanismo de resortes que arrastra un presentimiento desde las profundidades últimas del alma y lo moldea hasta dejarlo convertido en algo más humano que los hombres, en un ser incluso más real que aquél que lo ha creado. Lo que resulta inexplicable es pues lo único importante: la manera en que un autor inventa, insufla de existencia y comparte con su creación el lugar que hasta entonces ocupaba solo en el mundo. "Allí donde fallo yo como hombre, fallan también mis personajes. Por otro lado, ellos sienten orgullo por las mismas cosas que yo, es decir, por los pormenores cotidianos de la vida", aseguró el escritor checo Bohumil Hrabal.

Sé que sobrarán los que tras leer estas palabras me corrijan, los talleristas que me enseñen aquello que no entiendo, los críticos que se apresuren a explicarme lo inexplicable. Antes de que lo hagan, déjenme decir que sé lo fácil que es diseccionar un personaje, un texto, una situación o incluso una palabra, y también lo inútil que resulta. Así que mejor contéstenme cómo es que Tolstói huyó de su muerte, para ser exactos de su casa instantes antes de su muerte, para no morir en las mismas condiciones que Iván Ilich: rodeado de una familia indiferente, interesada y que lo tenía completamente harto. O cómo es posible que Bohumil Hrabal, el autor de obras como Trenes rigurosamente vigilados y Una soledad demasiado ruidosa, se suicidara tirándose de un quinto piso mientras daba de comer a sus palomas: exactamente igual que el más insigne de sus personajes. Escribir para no ser o para ser...

Emiliano Monge (Ciudad de México, 1978) ha publicado recientemente la novela Morirse de memoria (Sexto Piso. Madrid, 2009. 176 páginas. 17 euros).

30.7.10

Abducir, cultureta, muslamen, 'jet lag' y obrón están ya en el Diccionario

Las veintidós Academias de la Lengua Española no quieren quedarse "desfasadas" y, además de incluir ese adjetivo entre las novedades que se incorporan hoy a la página web del Diccionario, han admitido voces como abducir, antiespañol y 'jet lag', y otras coloquiales como cultureta, muslamen y obrón

García de la Concha, director de su obra, La Nueva Gramática, de reciente edición.foto:archivo.fuente:adn.es

Estos ejemplos forman parte de las 2.996 enmiendas y adiciones al Diccionario que las instituciones encargadas de velar por la unidad del español han consensuado en los tres últimos años y que "demuestran la viveza del idioma", afirma en una entrevista con Efe el secretario de la Real Academia Española, Darío Villanueva.

La amplia lista de novedades -a la que ha tenido acceso Efe- actualiza en la red la XXII edición del Diccionario, cuya versión electrónica recibe cada día "un millón de consultas", y constituye un adelanto de la XXIII, que se publicará en 2013.

El elevado interés que suscita esa obra esencial de referencia entre los hispanohablantes obliga a las Academias a estar "en el tajo siempre, haciendo aportes continuos para seguir el ritmo de la sociedad y del idioma", señala Villanueva.

Entre las palabras que entran ahora en el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) hay una que es una vieja reivindicación de los expertos en medio ambiente: "ambientalista", y que también se aplica a la persona "que se preocupa por la calidad y la protección del medio ambiente".

El verbo "abducir", que series de televisión como The X-Files pusieron de moda, se abre hueco en el Diccionario. Uno puede quedar abducido por "una supuesta criatura extraterrestre" o, si es un excelente escritor, puede "abducir a los lectores con sus novelas".

En tiempos como los actuales, de crisis económica generalizada, no podía faltar la palabra "anticrisis" en el DRAE, perfecta para las medidas que los gobernantes aprueban estos meses.

Y, como anunció la Academia hace unos días, también se incluye el "libro electrónico", en su doble acepción: "Dispositivo electrónico que permite almacenar, reproducir y leer libros" y "libro en formato adecuado para leerse en ese dispositivo o en la pantalla de un ordenador".

Los académicos han preferido la expresión "libro electrónico" en lugar de castellanizar el "e-book" (así figura en el Diccionario de María Moliner). Darío Villanueva se muestra "muy orgulloso" de la rapidez con que las Academias "han dado respuesta" a esta realidad digital.

27.7.10

El tema de la novela futura

¿Por qué elegir hoy ser civilizado pudiendo permanecer en la barbarie? He aquí un gran asunto novelesco

Nuestro lema: menos novela conflictiva de liberación y más novela problemática de socialización.foto;fuente:elpaís.com
Se impone la tarea de narrar el camino biográfico que lleva de las profundidades insondables del yo a la aceptación voluntaria de las cargas civilizatorias

JAVIER GOMÁ LANZÓN
Por qué decimos que la novela nace con Cervantes si siglos antes abundaron las novelas griegas, romanas y bizantinas? El mismo Cervantes escribe en el prólogo al Persiles que con su obra "se atreve a competir con Heliodoro", a quien toma como modelo inspirador. El resultado de esa emulación de grave estilo de un autor helenístico hoy olvidado fue una novela algo tediosa, mientras que cuando Cervantes dio suelta a su ingenio, desinhibido ante un asunto de intención relajadamente humorística, concibió El Quijote e inventó un género literario en verdad nuevo. ¿En qué sentido nuevo? Ya los tratadistas del Renacimiento se sentían perplejos ante la novela y no sabían a qué categoría adscribir un género que Aristóteles no había tenido en cuenta en su Poética. Pero si decimos que la novela moderna nace con Cervantes se debe a otras razones, que tienen que ver con su aptitud para dar forma y expresión a determinado estadio del espíritu europeo.

La premodernidad es aquella etapa de la historia de la cultura que interpreta la realidad como un cosmos, un todo ordenado y perfecto. El hombre es, en el mejor de los casos, el rey o el centro del cosmos, pero siempre una parte de él. El arte, durante esta larga etapa cultural, imita la perfección antecedente del cosmos, la celebra, le dedica himnos. El arte premoderno es, en última esencia, celebratorio y su modo natural de expresión se halla en el verso. Entonces sucedió, en ese hiato fundamental de la cultura que se sitúa entre el siglo XVIII y el XIX, que el hombre empezó a tomar conciencia de sí y se constituyó él mismo en un todo, ya no más parte, ni siquiera parte privilegiada del todo cósmico o social: en ese momento tuvo lugar el alumbramiento de la subjetividad moderna. Y ese nuevo todo que es el yo subjetivo no se deja asimilar como antes a la colectividad social, no admite su antigua función de tesela de un mosaico que le trasciende porque él mismo es una totalidad más profunda, más significativa, más plena. El conflicto es inevitable: porque la sociedad reclama del individuo con poderosas armas su integración, su participación en las cargas civilizatorias comunes, su contribución a las necesidades de rendimiento social (el oficio y la casa: la producción y la reproducción), pero el individuo autoconsciente se resiste, recela de dar un paso que percibe como una alienación de su universo privado, siente el extrañamiento de un mundo que no es el suyo y que amenaza con anularlo, y vierte toda su alma en el cultivo amoroso de su intimidad recién ocupada, aun a riesgo de recibir la sanción condenatoria de la sociedad, que le hostiliza, le anatemiza y a veces le aplasta hasta morir. No más himnos de celebración: la prosa de este conflicto -narrado en registro trágico, dramático, cómico o grotesco- demandaba un género literario de nueva planta, un guante a medida que calzarse la estrenada subjetividad: ésta es la esencia de la novela moderna, desde El Quijote de Cervantes a Doktor Faustus de Thomas Mann, así como su tema permanente, con mil variaciones.

La novela se pone del lado del afligido individuo, no de la represora sociedad, pero hubo un intento histórico de buscar la conciliación entre las partes: me refiero a las Bildungsroman, las novelas de educación que, conscientes de lo invivible de la escisión abierta, narran, de forma ejemplarizante, la lenta maduración sentimental del héroe que conduce a la postre, tras muchas experiencias formativas y enjundiosas peripecias, a su gozosa conformidad con el desempeño de un oficio productivo y con la institución matrimonial, es decir, a su condición de ciudadano. Pero, aunque literariamente algunas de ellas apreciables, en su loable ambición de armonizar los dos mundos fracasan sin remedio: así, Wilhelm Meister, de Goethe; Verano tardío, de Sifter; Enrique el Verde, de Keller, entre otras que suelen citarse, cuyas propuestas de conciliación simplemente no son creíbles por muchas razones. La única excepción quizá sea, acaso sin pretenderlo, Jane Austen, quien escribe novelas en las que se produce la maravilla de una tensión felizmente resuelta y de unos personajes que, sin dejar de ser modernos, son también civilizados, miembros inteligentes de su refinada comunidad.

Y ahora ¿qué? Porque lo cierto es que el antiguo conflicto ha cesado. Hubo un tiempo en que el individuo vindicó sus libertades frente a las opresiones tradicionales y el arte noveló con puntualidad esa heroica riña. Pero ahora ya no: nuestra libertad ya no es conflictiva, sino pacífica, pues vivimos en una cultura no represora, en la que las coacciones colectivas han sido deslegitimadas, sus torvas genealogías desenmascaradas, sus pretensiones de validez convenientemente "deconstruidas". El conflicto por la liberación subjetiva ya no es nuestro tema, sino que lo es la indolencia que el hombre liberado arrastra lánguidamente por falta de motivaciones, entregado al consumo de mercancías y de afectos mientras nada en el mundo le induce a ser ciudadano, y entretanto vive en sociedad sin estar socializado. La novela moderna ha perdido el argumento originario, pero la orfandad temática no ha de durar porque otra tarea se impone: narrar el camino biográfico que lleva de las profundidades insondables del yo a la aceptación voluntaria de las cargas civilizatorias. ¿Por qué elegir hoy ser civilizado pudiendo permanecer en la barbarie? He aquí un gran asunto novelesco. La socialización pendiente ya no es conflictiva, pero sí sobremanera problemática, y reclama un género literario que le sea propio. Si en su día fracasó en aquella conciliación imposible la antigua Bildungsroman -en España ni siquiera existió como tal-, acaso ahora este género adquiera nueva actualidad aplicado al viaje formativo, salpicado de aventuras, que parte de la subjetividad inflacionaria hacia la terra incognita de la ciudadanía.

Sea, pues, nuestro lema: menos novela conflictiva de liberación y más novela problemática de socialización.

26.7.10

El taller que se volvió carrera

De la mano de Isaías Peña, en junio de 1981 nació como un encuentro informal de aprendices de narración o poesía. Ahora se convierte en programa profesional en creación literaria

El escritor Isaías Peña Gutiérrez, artífice del programa profesional de Creación Literaria.foto;fuente:elespectador.com

Hace 29 años se comenzó a gestar el sueño. En el aula máxima de la Universidad Central, con presentación del novelista Pedro Gómez Valderrama, nació el Taller de Escritores que creó Isaías Peña Gutiérrez. En esos días proliferaban las tertulias literarias y, a imagen y semejanza de México, el narrador Manuel Mejía Vallejo regentaba su taller en la biblioteca Piloto de Medellín. El nuevo aporte, apoyado por el rector Jorge Enrique Molina, llenó un vacío y fue pionero en Bogotá.

Con el curso de los años, este escenario de discusión sobre la escritura creativa se convirtió en un anhelado destino para las nuevas generaciones de cuentistas y poetas. Por él fueron pasando, entre otros, los escritores Jorge Franco, Gloria Inés Peláez, Nahum Montt, Óscar Bustos, Óscar Godoy, Juan Álvarez o Miguel Manrique. Una vez a la semana, Isaías y los suyos se reunían a compartir secretos de su brega contra la hoja en blanco. Y no demoraron los premios.

Y con el mismo ritmo, grupos de amigos y egresados imitaron la dinámica del taller y fueron naciendo encuentros paralelos de escritores que empezaron a delinear sus propios rumbos. El centro de estudios Alejo Carpentier, con concurso de cuento propio; el grupo Tinta Fresca, que a finales de los años 80 y principios de los 90 tuvo hasta su propio impreso; o el grupo Maracuyá Azul, de las últimas generaciones de talleristas, que le agregó la innovación de las nuevas tecnologías.

Detrás de esa multiplicación de narradores y poetas, siempre motivador encantado, estuvo Isaías Peña, un aplicado intelectual nacido en Salado Blanco (Huila), que un día viajó a Bogotá en busca de conocimiento y en 1968 se graduó de abogado en la Universidad Externado de Colombia. Pero lo suyo siempre fue la literatura y antes de recibir su título ya escribía en las páginas de El Siglo una columna titulada "A ver qué pasa", con entrevistas, reseñas, comentarios, la lucha de los escritores buscando ser leídos.

Su paso por el derecho fue efímero. Apenas unas clases como profesor de historia del arte en su alma máter. La literatura copó sus días. Primero en el Magazín Dominical de El Espectador con su columna semanal 'El correo de los chasquis', que firmó con el seudónimo de "Gustavo Budiño", un personaje extraído de la novela Gracias por el fuego, de Mario Benedetti. Y luego en Lecturas Dominicales, de El Tiempo, donde rebautizó su columna como "Arca de papel", con el seudónimo de "Esteban de la Cruz".

Más de 20 años registrando el trabajo de los nuevos narradores. Su última columna la publicó en 2003, pero al momento de firmarla, ya con su nombre y apellido, había escrito ocho libros. Entre ellos, Manual de literatura latinoamericana, una guía fundamental en su momento, o La generación del bloqueo y el Estado de sitio, necesario para entender el desarrollo de la literatura colombiana. Y como buen huilense, la biografía del autor de La vorágine, José Eustasio Rivera, que considera su obra predilecta.

Reconocido por los periodistas culturales, promotor de incontables narradores, con su taller de escritores diseminado en tres convocatorias al año, Isaías Peña empezó a delinear la senda para transformarlo en un escenario de formación profesional. Primero como diplomado en creación narrativa con dos versiones en 2004 y una en 2006; y luego con la persistencia de que su peculiar didáctica para orientar el talento hacia el arte de la escritura cobrara forma en un pregrado distinto al tradicional de Literatura.

Y el sueño se ha cumplido. Con resolución a bordo, pénsum de materias y matrículas abiertas, la coordinación de Isaías Peña y el respaldo de la Universidad Central, se acaba de lanzar el programa profesional de Creación Literaria. Un plan de estudios de ocho semestres para que los aprendices de letras, sin la mirada arqueológica con que se suele enseñar la literatura, conozcan y asuman las destrezas y la vocación que requiere el escritor profesional. Con grado previo a la aprobación de una novela, o un libro de cuentos, poemas o ensayos.

El primer semestre quedó planteado con sugestivas cátedras. Mito, rito y creación, laboratorio de gramática, orígenes y desarrollo del español, literatura y creación. Una ruptura con la didáctica habitual de los literatos, para volcarse al discurso que Isaías Peña empezó a inculcar en su taller desde 1981: el marco de composición de la historia, la intención estética del escrito, la transpiración antes que la fábula de la inspiración o el proceso de investigación continua.

Lo acompañan, por ahora, amigos que fueron quedando de su taller de escritores y un grupo de catedráticos de planta. Jairo Restrepo, Manuel Rincón, Aleida Gutiérrez o Camilo Castillo, todos intelectuales de oficio y ganadores de premios, como el propio Isaías Peña, de nuevo galardonado en 2009 en el Concurso Metropolitano de Cuento en Barranquilla. Como el primer día en que la vida del escritor cambia cuando ve por primera vez sus letras publicadas, el Taller de Escritores de la Universidad Central es ahora un camino inédito.

Cómo se escribe hoy una historia de amor

Nueve escritores dicen qué vale y qué no vale más para contar un romance. Ellos entregan las claves para narrar en literatura la búsqueda del principe @zul

fotos;fuente:Revista Ñ
Se ha preguntado y dicho casi todo sobre el amor.: nebulosa indefinible, el valor más noble, misterio cuasi religioso, capricho burgués, absurdo inalcanzable o absoluto hipócrita. Para bien o para mal, se lo ha pintado, se le ha cantado, se lo ha narrado de mil maneras. Algunas, antiguas, todavía conmueven. Otras, quizás más cercanas, dan risa. ¿Cuál es la forma de contar una historia de amor hoy, que la comunicación transita entre teléfonos celulares y amigos de Facebook y los sentimientos quedan impresos a la velocidad de Twitter?

Desde sus trincheras, distintas voces de escritores que se han aventurado a narrar "las contingencias amorosas modernas" –y asumir lo que, palabras de Susana Guzner representa "un poderoso y soberbio desafío"– reflexionan sobre la novela de amor en la era del blog y el nihilismo.


"Un género ñoño"
Guillermo Saccomanno –autor de Bajo Bandera y El oficinista– admite su escepticismo y, de plano, descarta el amor, que sería "Un absoluto hipócrita dentro de la sociedad capitalista", dice. Saccomanno descalifica la novela romántica, a la que define como un género "ñoño" que sirve "de consuelo para secretarias, mucamas y amas de casa desesperadas". El novelista es tajante: "¡Pero de qué amor hablamos, si es tan improbable como la existencia de Dios! Es equívoco hablar de amor en una sociedad donde los chicos se mueren de hambre".

¿Nada bueno para decir? Parece que no. Saccomanno asegura que el género amoroso ha derivado "en su lado más patético" en la literatura gay, donde lo que funciona no es amor, es melodrama, como en películas de María Félix y Bette Davis.

Una para el lado del amor: Guillermo Saccomanno, habla de El Cielo Protector de Paul Bowles, como una de las grandes novelas de amor contemporáneas. "Es paradigmática y está escrita con gran frialdad y distancia, donde la dificultad está en la esencia de los personajes, los personajes se aman pero nunca hablan de amor."


"Sin desdicha, no hay novela"
Entre los autores habrá muchas diferencias pero un acuerdo: el elemento imprescindible es el obstáculo. Al que quiera celeste, que le cueste: para que exista una historia de amor tiene que haber imposibilidad, una dificultad que construya el relato. Ana María Shua, autora de Los Amores de Laurita, afirma que la representación cambia a través del tiempo, pero el amor es el mismo y que lo que cambia es la escenografía, el telón de fondo.

"Sin desdicha, separación, pérdida, sufrimiento, no hay novela," cuenta Ana María Shua. "Por eso no recordamos Orgullo y Prejuicio, de Jane Austen, como novela de amor (termina demasiado bien), y sí en cambio Cumbres Borrascosas, de Emily Brontë."

La autora de El Libro de los Recuerdos considera que no hay novela de amor más atroz y desgarradora que Lolita, porque el amor de un hombre mayor por una niña de 12 años "está destinado al rechazo y al horror, es una historia que hubiera sido imposible contar en el siglo XIX".


"El amor es el mismo"
Para Florencia Bonelli, autora de Bodas de Odio, el amor triunfa y renace inevitablemente. "El amor es atemporal y universal pero también es muy humano y pertenece a todas las épocas. El sentimiento entre las personas es más o menos el mismo, no han habido grandes cambios", dice. "Es tan misterioso y deseado por el ser humano, que se escribe y se escribe sobre él y la gente sigue leyendo. Cualquier cosa puede pasar hoy, pero el amor es el mismo. Todo lo demás es parafernalia".

Bonelli analiza obras clásicas del siglo XIX para encontrar siempre un conflicto de amor acompañado de una problemática social que rodeaba a las autoras. Jane Austen o George Elliot y obras como María de Jorge Isaacs, o Cumbres Borrascosas de Emily Brontë, ejemplifican este esquema.

"¿A quién escandaliza un adulterio?"
Susana Guzner, autora de La insensata geometría del amor, habla de otro clásico, Madame Bovary, contrastándolo con un contexto actual, diverso y cambiante: "¿A quién puede escandalizar un adulterio sin el contrafuerte de otros "ingredientes" ficcionales que intensifiquen la magnitud de su potencia dramática?", pregunta.

Pero también constata que los grandes conflictos humanos –venganza, celos, locura, pasión-continúan vigentes y que la situación más nimia e imprevisible –un post en Facebook, una mirada fortuita, recuerdos– puede motorizar la creación de una trama amorosa. Su novela La Insensata Geometría... nació de un sueño. "Las dos primeras frases del diálogo inicial me despertaron a las 4 de la madrugada y me obligaron a precipitarme en la computadora para ser escritas,"cuenta. Las palabras que dejaron sin sueño a la escritora fueron estas:

–Pidamos pronto –dijo sin alzar la vista del menú– porque me muero de hambre.
–Sí, pidamos pronto porque me muero de amor– me oí responder (...).


"Sexo y soledad"
Al peruano SantiagoRoncagliolo, autor de Abril Rojo, le resulta complicado escribir una auténtica historia de amor y acepta su miedo –una marca de época– a caer en las redes de sentimentalismo y la cursilería. El resultado es la novela que publicará en septiembre: Tan Cerca de la Vida. Allí, combina dos géneros literarios: romance y terror. "La gente le tiene miedo al amor y a ser cursi y eso no pasaba antes. En esta sociedad individualista e independiente es más fácil tener sexo que comunicarte con alguien, por eso la única forma de contar una historia de amor es contando una historia de terror", dice entre risas. Para el escritor, los elementos vitales de novela romántica son: "mucho sexo y soledad".


Amantes del mismo sexo
"La novela de amor cayó con la diferencia social como impedimento, el adulterio como sancionable y la tuberculosis como agente exterminador de uno de los amantes. Y fue reemplazada por la novela de deseo y el deseo por el deseo carnal", dice María Moreno, autora de El affair Skeffington.
"(Michel) Houellebecq no es más que un romántico que sangra su desilusión por la herida del pornocinismo, lo mismo que las bloguistas hot: todos dejan de sublimar mirando fijo un celular que no suena."

Moreno encuentra algo de la vieja historia de amor en aquellas donde los amantes tienen el mismo sexo: Tengo miedo torero de Pedro Lemebel, El beso de la mujer araña de Manuel Puig, En breve cárcel de Sylvia Molloy y Testo Yonqui de Beatriz Preciado.

Una pista similar sigue Mariana Enriquez, autora de Los peligros de fumar en la cama: "No está vigente que la historia de amor sea exclusivamente heterosexual. Las historias de amor tienen que incorporar la diversidad y, al hacerlo, se renueva desde muchos puntos de vista (de tradición literaria, sociológicos) la tradicional novela 'de amor'. Las historias que me interesan leer se inclinan hacia la pasión perturbadora, la obsesión".


El sentido y las rubias
Pablo de Santis, autor de El enigma de París, se remite a la obra de Remy de Gourmont, Amor y Occidente, para entender toda historia de amor como "una especie de código secreto cuyo sentido original se ha perdido, y al que nuevos sentidos reemplazan."

Se trata de narrar, parece decir Leonardo Oyola, autor de Chamamé. Y narra: "Raymond Chandler, en El largo adiós hace una clasificación de rubias. La distancia con las que las mide es la de aquel que fue y vino, pero que bien supo extraviarse entre esas piernas. Nosotros, los tipos, somos bichos diferentes. Lo genital está muy presente. En cualquier sociedad, en cualquier época, en cualquier geografía, desde cualquier género se puede contar una historia de amor; de sexo, de erotismo; si el relato y los personajes lo piden."

Sexo, dolor, secreto. En Facebook o en otro lado, el amor no perece, sino aparece, quizá, escondido en 140 caracteres.

21.7.10

7.000 euros por 100 palabras

Desenfunden, pistoleros. El mejor relato hiperrápido tendrá una recompensa nunca vista gracias a un concurso

El escritor, en la cárcel de la cretividad, preso por el lenguaje. foto:archivo.fuente:elmundo.es

La Fundación César Egido Serrano ha convocado la II edición del Concurso Internacional de Microrrelatos 'Museo de la Palabra'. El ganador de este año se llevará un premio de 7.000 euros por su microrelato que, en ningún caso, podrá superar las 100 palabras.

La principal novedad de esta edición es que, además de en lengua española, los escritores participantes podrán enviar sus relatos en Inglés, Árabe y Hebreo. Para la fundación, "Esta novedad supone una profundización en el valor de la palabra como herramienta para la convivencia de las culturas, civilizaciones y religiones". Por este motivo, el espíritu de la fundación queda claramente reflejado en su lema: 'La palabra es el vínculo de la Humanidad'.

La primera edición de concurso que se celebró el pasado año contó con la participación de 3.682 escritores procedentes de 44 países. En esta segunda edición, la fundación espera superar ampliamente ese número hasta conseguir la creacíón de "un pequeño ejército" de escritores procedentes de todos los pueblos del mundo.