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15.3.10

Lemebel:"Mi escritura es un género bastardo"

ENTREVISTA

Lemebel es un referente de la actitud provocadora en la cultura chilena fOTO: MARTÍN ACOSTA. fUENTE:ADNCultura

El escritor y perfomer chileno habla de su escritura y de sus febriles días de juventud

"Hablar con Pedro Lemebel produce la misma sensación de alteridad radical y encantamiento que leer la prosa barroca de sus relatos y crónicas, o ver los registros de sus performances. La entonación abolerada y los adjetivos filosos del escritor, artista visual y militante chileno son las armas con que atrapa la singularidad del mundo marginal y castiga a la farándula cómplice del pinochetismo en las crónicas de La esquina es mi corazón (1995) y De perlas y cicatrices (1997). Ese estilo marca también el tono de su posición política que, ajena a toda conciliación heteronormativa, intensifica las diferencias para retratar el mundo homosexual en Loco afán (1996), sus "crónicas del sidario", donde otorga un lenguaje afirmativo a aquellos a quienes "se les ha pegado la sombra". Aunque las crónicas llevan lo mejor de su escritura, es más conocido en la Argentina por la novela Tengo miedo torero (2001), en la que cuenta la historia de la Loca del Frente, un gay soñador que se enamora de un militante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, en la víspera del atentado contra Augusto Pinochet que la organización realizó en 1986. De visita en Buenos Aires por el estreno de una versión teatral de la obra, adaptada por Gerardo Begérez, Lemebel cuenta cómo se gestó esa historia de amor en tiempos violentos.

-¿Por qué elegiste narrar en tu novela el atentado a Pinochet?

-Porque yo estuve ahí. Contarlo hoy es como cantar "El oso": yo vivía en un barrio muy contento hasta que me golpeó la puerta un joven muy hermoso. Me pidió que le guardara unos paquetes pesados. Decía que eran libros prohibidos. Presté mi casa para que se hicieran reuniones y para que se guardaran otras cosas.

-¿Sabías que eran integrantes del Frente Patriótico y que planeaban un atentado?

-Sacarse al tirano de manera violenta era impensable en Chile. Era muy difícil establecer una organización que resistiera al gobierno en una ciudad tan pequeña, donde todo se sabe, donde siempre hay una vieja mirando detrás de una cortina, dispuesta a delatar. Yo no supe nada hasta que conocí al joven que se presentó a mi puerta.

-¿Cuándo descubriste qué era lo que ocultaban en tu casa?

-Vivía con dos amigas en una casa abierta. Cuando llegaban los chicos del Frente a dormir, no me dejaban verlos. Eso ya era sospechoso. Un día llegué a la casa y estaba mi amiga acostada con la cabeza sobre un tubo enorme de cobre. Le dije: "Pero niña, por Dios, ¿qué es eso?, parece condón de dinosaurio". Me dijo que eran unos planos de la universidad que había dejado el Carlos. Lo paramos, le quitamos la tapa y nos encontramos con la punta del rocket que se usó en el atentado.

-¿Nunca te sentiste en peligro?

-Un día, fuimos con una amiga gay a entregar unas bolsas y nos encontramos con la policía que detenía gente. Llevábamos las bolsas colgadas del brazo disimulando el peso. Nos preguntaron de dónde veníamos. Les dije "del mercado", y nos contestaron: "¿Por qué no nos cocinan algo?" La homosexualidad también sirvió de escudo. Aunque mis compañeros me decían que si me agarraban, se iban a hacer un festín. En su tiempo la sacamos muy suave. Cayeron todas las casas de alrededor, que servían de seguridad, y la nuestra no. Era un lugar donde había homosexuales y hippies, había música todo el día. No era sospechoso.

-¿Cuándo decidiste escribir la novela?

-Tenía veinte papeles que escribí en esos años de urgencia y luego se perdieron. Los encontré en los años noventa y, al releerlos, vi que había material para una novela. La escribí en seis meses. No se llamaba Tengo miedo torero. Se podría haber llamado La loca del frente, por ser una loca como cualquier otra, y a la vez por el Frente Patriótico. Un día me encontré con una travesti vagabunda de casi ochenta años, que me dijo que hacía show de la Sarita Montiel. "¿Y qué cantas?", le pregunté. "Bueno, ´El relicario´ y ´Tengo miedo torero´, que va así: ´Tengo miedo torero/ que en la tarde tu risa flote´". ¡Qué bello! Le puse el título por eso, me encantó. Es evidente que si no hubiera leído El beso de la mujer araña, no la habría escrito. Manuel Puig es una referencia gravitante en la novela. Pero allá resultó curiosa la participación de este homosexual en sucesos violentos. No estaba en la imaginación chilena la polvera explosiva ni el rímel de nitroglicerina.

-¿Cómo fue recibida en Chile?

-Cuando la escribí había un boom de la nueva novela, aunque se trataba más del nuevo mercado de los escritores jóvenes. En ese momento yo era el maricón de la crónica y no les importaba a los editores, que buscaban "novelistas", "la representación del mundo". Me tiré con esta novelita y me resultó. A Bolaño no le gustó. Le parecía una novelita rosa, un folletín. ¡Eso era, pues, niño! ¡Un folletín cursi!

-¿Por qué preferís dedicarte a la crónica más que a la ficción?

-Soy un poco antificción, porque aunque la escritura sea un trabajo simbólico, necesito que lo que escribo haya pasado por este cuerpecito de alguna manera. Empecé escribiendo cuentos y me fue muy bien. Pero en algún momento sentí que se vivía una situación tremenda en mi país. Había un horror que estaba tapado por el esplendor económico de esos años, entre 1980 y 1986. Nos íbamos a Brasil y comprábamos de todo, era el "deme dos" que ustedes también vivieron. Me di cuenta de que no podía escribir cuentos cuando la realidad estaba quemando mi acontecer. Por eso me dediqué a la crónica, que me quedó como anillo al dedo.

-¿Cómo encontraste tu estilo de cronista?

-Mi crónica no es la que hacen los cronistas latinoamericanos ahora. Los periodistas dicen que hago literatura y los literatos, que hago crónica. En ese intermedio se mueven mis letras y aparentemente se mueven bien. Mi escritura es una mezcla de estilos, un género bastardo, un pastiche de la canción popular, la biografía, el testimonio, la entrevista, las voces y los susurros de la calle. Con esos materiales, literarios o no, me muevo.

-También te dedicaste a la performance con el grupo colectivo Las Yeguas del Apocalipsis. ¿Cuándo empezaron su trabajo?

-En 1987. Cuando entrábamos nosotros, ponían guardias: "¡Vienen Las Yeguas del Apocalipsis!", como si fuéramos quinientos españoles bárbaros, y éramos dos, Francisco Casas y yo. Aunque después hemos entrado en la historia del arte latinoamericano, en ese momento nadie sabía qué hacíamos. Nos decían que hacíamos performance. "Ah, ¡qué linda palabra!" -decía yo- "suena como un pasaje a Nueva York". Y así fue.

-¿Cuál era la intención del grupo?

-Quisimos poner en escena la homosexualidad, que no estaba en el programa del gobierno democrático que venía. Se hizo un gran acto al que se invitó a todos los artistas que apoyaban la democracia, menos a nosotros. Llegamos con unos abrigos largos hasta el suelo y nos sentamos en la primera fila. Cuando se apagaron las luces, nos sacamos el sobretodo y saltaron las plumas y las lentejuelas. Desplegamos un lienzo que decía "Homosexuales por la democracia". Se quedaron con la boca abierta, hasta que empezaron a aplaudir. Después nos sacaron a empujones y se censuraron las fotos.

-¿Qué actos fueron los más importantes?

-Hemos hecho un trabajo más extenso por los detenidos-desaparecidos. En la Comisión de Derechos Humanos bailamos una cueca chilena, como la que bailaban las mujeres solas, cuyas parejas habían desaparecido. Hicimos ese baile descalzos sobre un mapa de América latina lleno de vidrios. Con un micrófono pegado en el pecho, escuchábamos el latido de nuestro corazón que nos marcaba el ritmo, pero afuera se escuchaba sólo la quebradura de los vidrios. Ese trabajo sí me gustó, porque fue tenso. Zapateábamos con fuerza y no nos cortábamos. Nos criticaron porque supuestamente teníamos que reivindicar la homosexualidad y los desaparecidos no tenían nada que ver con nosotros. Pero pensábamos que la condición homosexual se reivindicaría en algún momento, mientras que entonces lo más importante y doloroso eran las víctimas de las violaciones a los derechos humanos, y nosotros poníamos el corazón donde nos dolía. Eran actos con una carga simbólica mucho más fuerte que el travesti y que la pluma. Los homosexuales también estábamos ausentes de la vida pública, recluidos en la peluquería.

-¿Qué expectativas tenés de la recepción de la obra teatral?

-Creo que la puesta en escena de Tengo miedo torero puede ser comprendida en la Argentina porque hay cicatrices comunes en los dos países. Acá hubo guerrilla, hubo dictadura y hay homosexuales también, ¿o no? Tuvo que haber habido homosexuales comprometidos con la oposición a la dictadura, aún más que en Chile, porque acá había una aversión por el hippismo y las ideas de Mayo del 68, toda esa revuelta sexual y política, drogadicta y rockera.

-¿En Chile no se reprimía a los homosexuales?

-No tanto. Nos disfrazábamos de hippies y pasábamos un poco colados. Los gringos que van buscando el Auschwitz de los homosexuales chilenos no lo encuentran. El maquillador de Lucía Pinochet era una gorda muy gay. Servimos de adornos florales de la dictadura. Los paseos de Chile estaban llenos de topless y de homosexuales. Todas las locas tenían un pariente general o almirante. Las disco gay estuvieron abiertas en plena dictadura. En la Argentina había otros referentes de homosexuales, más relacionados con la izquierda, como Néstor Perlongher.

-¿Lo conociste?

-Sí. Maravilloso, Néstor. ¡Qué lástima que lo hayan reconocido tan tarde! Y que se tuviera que ir a Brasil. Lo conocí en Valparaíso el año en que se murió, y ya estaba muy mal. Esa noche le regalamos un guante de novia y seguimos de fiesta por la ciudad, pero él ya no pudo. El sida era un tema que no estaba presente en ese entonces en Chile. Estaba en Estados Unidos, era de los gringos. Nosotros aquí, indígenas, estábamos sanos. "Del mar los vieron llegar". Justificar a ambos lados

© LA NACION

11.9.09

Diálogos entre Cine y Literatura


"Poco dinero en cine es siempre mucho dinero-dijo y me dió una palmada en la espalda-.

¿No te dan envidia los escritores? Para crear un libro ellos sólo gastan papel y tiempo, todos los personajes trabajan gratis, hacen cosas que los actores de cine no sabrían hacer o se negarían a hacer. Producen las escenas más costosas gastando sólo palabras. Matan, mutilan, hacen que las personas enloquezcan de pasión, se arruinen o ganen el paraíso. Una epidemia que mate a millones o un apretón de manos tiene para ellos el mismo costo. Hubo una época en que pensé en hacerme escritor, pero comprobé que no estaba lo bastante loco. Creo que el tipo que es escritor, en principio, no está muy bien de la cabeza. El más megalómano de los directores, Griffith, Pabst, Gance, Coppola, no tendría el valor de juzgarse dotado de la omnipotencia de un escritor de provincias.

No respondí.

-¿Estás de acuerdo conmigo?"

Tomado de Vastas emociones y pensamientos imperfectos", página 130, novela de Rubem Fonseca.Thassália.1988. Traducción Mario Merlino.

14.4.09

BÚSQUEDA



DEL TEMA EN EL ESCRITOR.I.

¿El amor?



Tenía que escribir un libro. Pensaba que sería una novela, porque le permitía desarrollar con hondura y amplitud el tema; pero, ¿cuál tema?
Y andaba leyendo.
Leía libros, que escogía al azar que hablaban de todo, menos de cómo escribir un libro. Le contaban sobre el egoísmo del amor, y su necesidad imperiosa en los seres humanos, porque la gente se enamora fácilmente, se fecunda proliferadamente y se reproduce infinitamente. Otro escritor, le recordó, según el heresiarca, que los espejos y la cópula son abominables porque multiplican el número de los hombres.
Esa necesidad gregaria de estar entre varios prójimos. Serían maricones, pensó. Bueno, se consolaba, Platón filosofó que el amor no tiene sexo. Tal vez un trío de rigor para amar verdaderamente. Dos contra una, o uno contra dos, pero como el sentimiento no tiene género cabría invitar a otro y se haría un cuarteto de tres contra una. La cosa se iba complicando porque ahí habría que preguntar, como en las orgías: ¡organicémonos!
Pensaba que su libro sería una bella historia de amor entre dos amantes encontrados en su más ruidosa soledad. Una historia más bien blanquita...
Si en la tierra quedara un solo hombre en un extremo y en el otro: una sola mujer; su atracción sería tan fuerte, que se buscarían hasta encontrarse, según una antigua sentencia árabe.
Su memoria inventariaba, con los libros puestos sobre una estantería en rigor a recordar todas las bellas historias de amor: Abelardo y Eloísa, ¿Rojo y negro, es una historia de amor? Dudaba. La inolvidable Romeo y Julieta, que esquematizó los amores contrariados, los amores difíciles, los que tanto satisfacen, o con los que tanto sufre la gente carente de amor.
¿ Por qué la gente que sublima el amor es la que más desea el amor?
A veces se compran un perro y se le entregan en cuerpo y alma y otras intimidades...
Escribiría un melodrama puro, para ponerse a tono con los tiempos de la actualidad, que después se produciría con él una telenovela, donde por cualquier hendija sentimental pondría un perro...para que moviera la cola a su amo que lo odia porque le brinda más atenciones al can que al hombre que es muy perro. Recordaba que cuando era niño tuvo y cuido perros y ahora, que es ya grande sólo tiene perras!
Bueno, sigue complicándose, igualmente esquematizaría el conflicto esencial, se convertiría en un producto para las lágrimas, se transformaría en un producto parecido a la visina, que se vendería en frasquitos, y lubricaría los ojos de los televidentes tras la pantalla.
El amor es un producto que se vende bien, pensó. Pero si caía en las manos de un productor (de la telenovela, por ejemplo) comentaría, que tendría que haber un protagonista bien apuesto de origen noble (el productor carecía de palabras y trataba de referirse a que era rico, o sea que hacía el rico) pero que en el momento que se cuenta el dramón de la telenovela, él supera todas las dificultades de la pobreza de su origen, porque su padre era muy joven y a su vez sus padres no iban a permitir que el vástago de sus desvelos fuera a caer en las manos, más bien entre las piernas de la sirvienta, donde ya había estado y probó de esas rijosidades tan livianas, descubriendo la lubricidad y otras maromas con las que con ella no había futuro.
La pobre mucama pobre salió muy contrariada de esa casa de familia y regresarse, otra vez, a su pueblito y descubre que está embarazada del vástago de los patrones. El niño nace con rasgos nobles y notables entre la indiamenta del pueblo y es sobresaliente, aunque era de mal corazón y muy cruel sobre todo con los perros y los gatos, a los primeros les ponía entre los panes vidrio molido y se extasiaba viéndolos agonizar. A los gatos los metía entre bolsas y los pateaba como balones. Después se quedaba viendo las roturas de huesitos, los ojitos brotados de su orbitas. Me les reservo el resto de crueldades infantiles del heredero del ricacho de la gran ciudad.
El futuro de estos padres era, que son sus fortunas fueran enriquecidas, no importaba a qué costos sociales, en fin, era más o menos la trama del melodrama, pues si iba a escribir ya no un libro sobre el amor sino una novela de amor; quiero decir una telenovela; porque el tema del amor va a existir entre los seres humanos y su vigencia será perenne como la yerba.
Recordaba que ahora la gente ya no se muere de amor, se muere de sus consecuencias, de la enfermedad que produce el amor: el sida. Pensó en un título: El amor en los tiempos del sida.
Sufrió una larga y profunda depresión al hallar el título de su telenovela entre una antología de cuentos eróticos.
Se consoló inventariando ahora todos los títulos de los libros.
Pensaba en Un libro de autoayuda, por ejemplo. Y esos si que se venden muy bien. Casi recetarios para vidas simples que no pueden tener una visión sencilla de su tristes vidas Le hablaban del sexo y sus perversiones, que las cargamos pacientemente; pero algunos se desesperan tanto y van donde las putas para poder vivirlas, sentirlas, porque su mujer, que es católica, apostólica y bogotana, y colombiana y latinoamericana; no los deja navegar por su cuerpo con tanta sutileza de piel, y prefiere solamente una vez y eso, si no tiene dolor de cabeza...





Preocupado de la soledad del escritor. ¡PROXIMAMENTE!