6.9.10

Escribir por encargo o el derecho de los escritores a ganar dinero

Claudia Piñeiro, Sergio Olguín y Esther Cross defienden el trabajo a pedido. Y dicen que a veces es liberador

Las carcajadas son de Sergio Olguín,Claudia Pieñeiro y Eugenia Zivago. Esther Cross sonríe.foto.fuente:Revista Ñ

Escribir por encargo es una forma de escribir profesionalmente. Por si alguien piensa que es algo indigno, recordaré que el doctor Johnson, uno de los críticos más extraordinarios, dijo en una oportunidad 'Sólo un badulaque escribe por placer'", dijo alguna vez en una entrevista Adolfo Bioy Casares, y citó ayer Claudia Piñeiro. Fue en la charla que el Festival Internacional de Literatura en Buenos Aires (Filba) organizó sobre "Escritores por encargo", moderada por Eugenio Zivago, de la que participaron también Sergio Olguín y Esther Cross, en la librería Clásica y Moderna.
Piñeiro sostuvo que el juicio negativo se relaciona con lo que una sociedad piensa sobre que los escritores ganen dinero. "Cuando se cuestiona ese ingreso, el encargo está mal visto", comentó. Esta modalidad, contó la autora de Elena sabe , está muy presente en distintos sitios de Internet, que "invitan a quien quiera contar sus memorias o desarrollar una idea, de ficción o de no ficción, y no cuenten con los dotes narrativos o el tiempo".

Cross destacó que muchas veces existe una "asociación con el crimen, algo muy peligroso; nadie diría que un médico cura por encargo o que un abogado defiende por encargo. Pero en el caso de la literatura, esto se vincula con la prostitución,con la idea de que el autor se vende", dijo, y recordó que uno de los biógrafos de Honoré de Balzac se llevó un gran disgusto al descubrir cuánto disfrutaba el autor de la Comedia Humana de cumplir con pedidos de terceros. Citó a Mary Shelley, Herny Miller, Ernest Hemingway y Dorothy Parker –"que señaló el dinero como uno de sus grandes estímulos para escribir" – entre tantos otros célebres autores por encargo, y comentó que Edgar Allan Poe abarcó el tema en Cómo escribir un artículo a la manera de Blackwood, ya en 1838.
Olguín, novelista y jefe de redacción de la revista cultural Lamujerdemivida, que co-organizó el debate, fue el primero en destacar su gusto por el encargo: "Disfruto cuando me piden un texto, es casi una necesidad; la fecha límite me hace producir y así me organizo, y si no me lo pide nadie, me lo encargo yo, por ejemplo con una novela que quiero presentar en un concurso, o me lo encargan tácitamente mis afectos, como mi hija, que espera un libro sobre chinos hace tiempo", explicó el autor de la reciente ganadora del Premio Tusquets de novela, Oscura monótona sangre . A la vez, contó que el trabajo por encargo, sea o no de ficción, maneja tiempos periodísticos: "Es cuestión de sentar el culo en la silla hasta que terminás", sintetizó. Sus compañeras de mesa coincidieron con él al señalar su gusto por esta forma de escritura, y Cross aseguró que hubo muchos temas que nunca hubiera abarcado si no se los hubieran pedido. Piñeiro citó como ejemplo su libro El fantasma de las Invasiones Inglesas , una novela histórica infantil que publicó Norma este año.

Los tres coincidieron en que, en el caso de los textos encargados, recibir orientación sobre el tema suele ser un disparador más productivo que el de la total libertad, "porque el Universo es algo demasiado amplio", explicó Piñeiro; y Cross agregó que, aunque el tema no resulte atractivo "alcanza para rebelarse contra él y buscar otra alternativa".

También discutieron sobre el límite para negarse al encargo. Piñeiro se refirió a las incontables veces que la convocan como escritora cuando hay crímenes en countries – punto de partida de la trama de Las viudas de los jueves , texto con el que ganó el Premio Clarín Novela en 2005 -: "Existe la fantasía de que el escritor policial se convierte en detective, pero hay que ser respetuosos de los procesos de investigación", explicó.

Cross -que ganó el Premio de Novela 2009 de la editorial Siglo XXI con La señorita Porcel - sostuvo que ese límite debe tener que ver con evitar los malos negocios, y sobre todo con no cometer "lo que Virginia Woolf llamaba 'adulterio cerebral': ir en contra de las posiciones e ideas que uno adopta a lo largo de su vida"; mientras que Olguín, que confesó que le cuesta negarse, señaló que los textos que se firman implican más compromiso que los que se realizan como escritor fantasma.

"Uno vive negociando con el encargo, tomando aquello que le alimenta el ego porque confiaron en uno, y dejando lo que puede implicar repetición o encasillamiento. En el fondo, tenemos la ventaja de hacer lo que queremos, y aunque uno reniegue, siempre hay alguien que nos dice 'Dale que te gusta'; y es así, escribimos por amor, por gusto", concluyó Olguín.
Y en Clásica y Moderna ya nadie se enojó con Balzac.

No hay comentarios:

Publicar un comentario