29.4.12

Recordar la memoria

especial filbo 2012

La joven narradora estadounidense Nicole Krauss ha publicado tres novelas que giran en torno a la búsqueda de la identidad y el pasado. Esta lectora insaciable —admiradora de Bolaño— escribe a partir de la intuición

HOY: Mariane Ponsford, conversará con la Autora. 6:pm. Salón José Asunción Silva

Nicole Krauss está referida como promesa literaria de su lengua inglesa por la prestigiosa revista, también inglesa Granta.foto.fuente:revistaarcadia.com

Nicole Krauss es madura, ambiciosa y disciplinada. Su obra ha recibido elogios de la crítica, el aliento adicional de Susan Sontag y del Nobel J.M. Coetzee. Tiene tres novelas en su haber y ha sido traducida a más de treinta idiomas. La revista Granta la eligió como una de las mejores escritoras jóvenes de Estados Unidos en el 2007. El honor lo compartió con su esposo, el novelista Jonathan Safran Foer. Tres años después, la revista The New Yorker hizo una selección similar —los mejores veinte escritores menores de cuarenta años— y Krauss fue elegida de nuevo, de nuevo al lado de su esposo. Quizás por ese mismo motivo, o porque Foer proyecta un halo de virtuosismo, o porque algunos han criticado la similitud de su trabajo, ambos mantienen lo que ella llama “una regla inquebrantable”: no hacen entrevistas compartidas ni aceptan artículos juntos. El trabajo de cada uno es independiente y debe ser considerado así.

Lejos de la tradicional economía y contundencia anglosajona, las novelas de Krauss se desarrollan bajo una especie de inercia o encantamiento. Sus temas recurrentes son la memoria, la reconciliación con el pasado y la transferencia de herencias sentimentales. Su primera novela, Un hombre llega y dice, se enfoca en Samsom Greene, un hombre casado que, debido a un tumor cerebral, pierde la memoria y, de paso, la vida que hasta entonces llevaba. La historia del amor, publicada dos años después, alterna entre dos personajes entrañables: Leo Gurzky, un anciano judío que sobrevive al exterminio en la Segunda Guerra Mundial, y Alma, una niña de quince años huérfana de padre que intenta rearmar la vida de su mamá. Finalmente, Great House —por publicarse en español este año—, hila cuatro historias a través de un escritorio de madera que perteneció al poeta chileno Daniel Varsky, desparecido durante el régimen de Pinochet.
La ficción de Krauss revela un panorama de lecturas muy amplio y un proceso de escritura basado en la intuición y la exploración. El extraño ritmo de sus novelas quizás se explique por su método de escritura. “Empiezo mis novelas sin tener una idea fija”, afirma Krauss. “A veces ni siquiera tengo un personaje específico en mente. Empiezo con una sola frase… y luego le añado otra y otra”. La escritura es, desde su origen, búsqueda pura. Pero también la prueba más palpable de la existencia, del paso de cada día. Como dice Leo en La historia del amor: “A veces yo pensaba que la última página de mi libro y la última de mi vida habían de ser la misma, que cuando mi libro terminara yo terminaría”. Arcadia habló con ella sobre sus novelas y también sobre sus lecturas.
La cuentista canadiense Alice Munro afirma que sus hijos no la dejaban concentrarse en formas literarias complejas como la novela. ¿Cómo ha cambiado su escritura ahora que es mamá de dos?
No podría identificarme con lo que dice Munro. Al revés, lo que escribo cada vez es más y más largo. Siento que cada vez es más difícil encajar todo lo que siento en un solo libro y que las ideas se van encadenando de forma más compleja. Creo que el cambio ha sido a nivel emocional. Es como si algo se abriera en ti, una profundidad de sentimiento que no existía antes o a la que no podía acceder. Creo que Great House refleja justamente eso. No es una novela sobre la maternidad, pero creo que captura esa sensación.
¿Diría que Un hombre llega y dice es su novela más sombría?
Creo que Great House es bastante seria y oscura. La historia del amor es divertida y a la vez trágica. Creo que cada novela que he escrito tiene un tono distinto. Fueron escritas en momentos distintos y en circunstancias distintas. En términos de estilo, también creo que son muy diferentes, aunque todas comparten las mismas preocupaciones. ¿Qué significa la empatía? ¿Cuál es el poder de la literatura? ¿Cómo reinventarse la vida después de una catástrofe? Creo que esto ata mis libros. Todos tienen distintas proporciones de humor y de melancolía.
Usted escribió Great House mientras leía obsesivamente libros sobre la dictadura chilena. Aunque uno de los personajes es un poeta chileno desaparecido, la dictadura no es un elemento central, ¿por qué?
La escritura es en gran parte un experimento en el que aprendes de ti misma, en el que sigues tus propias intuiciones. Cuando estaba embarazada me obsesioné mucho con ese periodo histórico. Luego comprendí que mi obsesión tenía que ver con la maternidad. Toda mi existencia dependía de la seguridad de ese bebé. Leer sobre Chile era una forma de atravesar el mundo y acceder ese miedo. A veces pensaba que esas lecturas resultarían en algo, pero no. Sería forzar la escritura. Creo que esas lecturas permearon al personaje del poeta chileno, Varsky. Si hubiera investigado la dictadura solo para hacer el libro, no hubiera sido auténtico.
Las traducciones no son particularmente populares en la cultura anglosajona. No obstante, sus amplias lecturas de autores latinoamericanos y europeos, entre los que se destaca Roberto Bolaño, demuestran una independencia literaria y curiosidad poco comunes. ¿Cómo cree que sus lecturas afectan su escritura?
Mis lecturas me han definido como persona pero también como escritora. Me es difícil calcular la influencia pues esa siempre ha sido mi dieta de lecturas. No me atrae mucho la literatura sobre las cosas que me rodean. Las otras literaturas me permiten ver mundos a los que, literalmente, jamás podré ir. Por eso, agradezco tanto la labor de los traductores, porque dependo de ellos para recibir mensajes de otros lugares del mundo.
Sus libros han sido traducidos a más de treinta idiomas. ¿Qué tal se siente estar al otro lado de las traducciones?
Me siento muy ambivalente frente a la traducción: como lectora, me siento muy agradecida por su labor, pero como autora siento mucha desconfianza. Cada palabra que escogí con tanto cuidado es reemplazada con otra. La traducción es un gran acto de fe.

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