14.12.12

Aleksandar Hemon, la realidad entre comillas

El escritor bosnio charla sobre la literatura realista, que admira, pero de la que huye

El escritor bosnio Aleksandar Hemon. / Daniel Mordzinski./elpais.com

En busca de la gran novela, el lector se acaba encontrando con uno mismo entre tapas. Toda la magia literaria del recurso estilístico se reduce al espejo en blanco y negro. En ese personaje homónimo se encierra el hechizo de horas de lectura en soledad. Experto en esta brujería, Aleksandar Hemon (Sarajevo, 1964) ha conseguido con cinco libros compartir balda y renglón con Nabokov, Jonathan Franzen y David Foster Wallace. "Mis libros se convierten en realidad a través del acto de contar, pero no son una representación del contexto o la psicología social", explica el escritor durante su última visita a España.
Heredero legítimo de su colega ruso para parte de la crítica, en la primera pregunta se deshace de la comparación con elegante sencillez. "Primero debería escribir muchísimo más", asegura. "No pertenecemos a la misma categoría, es una comparación injusta para Nabokov". Nacido en Sarajevo, la ciudad de la guerra en los últimos años del siglo XX, y residente en Chicago desde 1992, la breve producción a la que se refiere se compone de las dos obras que Duomo ha publicado en España –El proyecto Lazarov y Amor y obstáculos— una tercera, solo en las librerías estadounidenses, The book of my life, además de sus dos primeras intervenciones literarias: La cuestión de Bruno y El hombre de ninguna parte.
"Nabokov planteó que la realidad había que contarla entre comillas", cita Hemon. Su trabajo se extiende en un catálogo de personajes que representan la experiencia humana, siempre bordeando la línea del realismo que explotan como símbolo de la nueva modernidad sus contemporáneos. "Me encanta Franzen, pero nunca escribiría una novela como las suyas". El proyecto Lazarov coincidió con el Gobierno de Bush –"al que odiaba y sigo odiando", precisa—, Hemon recuerda escribir páginas y páginas contra el gobernante y terminar con sus palabras hechas trizas. "No quería que mi personaje acabara diciendo lo que pienso, sino que adopte una posición diferente que le permita argumentar con otras. Mi objetivo es reconfigurar las categorías tradicionales".
En su librería manda, por repetidas lecturas, 'El Quijote'
En su librería, además del escritor estadounidense en liza, manda, por repetidas lecturas El Quijote. "Llevo uno cuantos años y unas cuantas generaciones escuchando que llega el final de la novela. Parece una crisis cíclica que debió empezar y terminar con Cervantes", sentencia. "Contar historias es una cualidad biológica del ser humano, no se puede usar el lenguaje sin contar, es imposible. No sé qué pasará con la forma, con el formato en el que se leerá o el futuro de la industria editorial, solo sé que es algo intrínseco a la naturaleza humana".
La literatura de Hemon está atravesada por el recuerdo de una guerra que le alejó de su casa y que al tiempo le permitió construir sobre el lenguaje su patria. Rehuye del término, no para alistarse como ciudadano del mundo, sino para revindicar la permeabilidad de la cultura y la paulatina extinción del término ‘nosotros’. "La gente ahora no intenta transformar su identidad, no tienen esa sensación de desarraigo como sucedía antiguamente. El melting pot ya no existe y esto asusta a mucha gente en Estados Unidos, por ejemplo".
Los medios de comunicación, las redes sociales y su habilidad de arrullar en la llamada aldea global imprimen una celeridad que el autor confronta con el sosiego de las letras. "Lo que me gusta de la literatura es que no produce un efecto inmediato sobre las personas como sí hace la política". Hemon limpia los libros de propaganda, sin negar el papel transmisor que han tenido hasta el momento: "No sé cómo reaccionará el mundo del arte, la verdad, en poco tiempo espero que salga algo positivo. La desesperación de no tener nada que perder, devolverá la esperanza".

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